Acta junio 2006

OBRA: LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDIA
AUTOR: Pío Baroja

PONENTE: Joseba Molinero

PRESENTACIÓN

BIOGRAFIA

PIO INOCENCIO BAROJA Y NESSI nace un 28 de Diciembre de 1872 en San Sebastián hijo de Serafín Baroja y Zornoza ingeniero de minas y de Carmen Nessi y Goñi. Nace junto al mar, augurio de libertad y cambio. Tercer hijo de la familia. “La tercera decisión de cualquier cosa es una repetición a veces aburrida”.
Excepto el primer apellido materno –Nessi- los demás son todos vascos: Baroja, Zornoza, Goñi, Arrieta, Alzate, Eizaguirre y Arrola.
Tanto por parte de padre (Serafín Baroja Zornoza), como por la de su madre (Carmen Nessi y Goñi), Pío Baroja perteneció a familias muy distinguidas y conocidas en San Sebastián relacionadas con el periodismo y los negocios de imprenta. Su bisabuelo paterno, Rafael, fue en Oiartzun impresor del periódico La Papeleta de Oiartzun y de otros textos durante la guerra contra Napoleón. Su abuelo del mismo nombre, Pío Baroja, editó en San Sebastián el periódico El Liberal Guipuzcoano (1820-1823) durante el Trienio Liberal e imprimió la Historia de la Revolución Francesa de Thiers en doce tomos
Pío fue el tercero de tres hermanos: Darío, que murió joven aún en 1894; Ricardo, que sería en el futuro también escritor y un importante pintor, y él mismo. Ya muy separada de ellos, nació Carmen, que habría de ser la inseparable compañera del novelista y la mujer del futuro editor de su hermano, Rafael Caro Raggio, y asimismo una ocasional escritora. El padre de los Baroja, Serafín, era, al par que hombre inquieto y movedizo y periodista de ideas liberales, un ingeniero de minas, lo que llevó a la familia a constantes cambios de residencia por toda la geografía nacional. Eso hizo del futuro novelista un desarraigado que conoció los más diversos rincones de España. Por otra parte, este continuo ir y venir le inculcó una característica afición a los viajes.
De su primera época en San Sebastián solo recuerda los bombardeos carlistas (1875 ó 76)

En 1879 se traslada a Madrid donde el padre obtuvo una plaza en el Instituto Geográfico y Estadístico.

En 1881 se traslada a Pamplona. Su padre pidió traslado a esta ciudad pensando en que en ella se desarrollaría mejor su educación.

En 1884 nace su hermana Carmen. En Pamplona empieza a leer febrilmente (Verne –aunque no le agrada mucho el contenido científico de sus libros- Dumas, los robinsones…)

En 1886 regresan a Madrid. “Mi padre consideraba Madrid como el lugar mas apropiado para que nosotros hiciéramos nuestros estudios y al mismo tiempo quería llevarnos a la corte, pensando que si no íbamos a tener un carácter un poco rudo y antisocial”
“Al cambiar el sitio donde se vive, sobre todo en la infancia, se cambia también de amigos. Todo ello con los años, va empujando al aislamiento y se tiende a sentirse entre la gente un solitario, sino como un verdadero Robinson en su isla desierta, como un falso Robinson en su árbol del Cuco”

En 1887 Se matricula en la facultad de Medicina. Según afirma por exclusión de profesores. Fallece su abuela materna Doña Gertrudis Goñi.

1888-1889 Estudios de Medicina en Madrid. Se libró del servicio militar, que le repugnaba. Falta mucho a clase. Visita a menudo los bajos fondos, cafés cantantes, al teatro. “En esa época de estudiante de que hablo era yo un sectario; me sentía republicano intransigente. Creía que una revolución como la francesa era un espectáculo indispensable en todos los países y un poco de terror y de guillotina me aprecia una vacuna necesaria para los pueblos.
Pronto deje el credo republicano y evolucioné hacia el anarquismo.
Mi anarquismo era un anarquismo schopenhaueriano y agnóstico, que se pudiese resumir en dos frases: No creer, no afirmar.
Schopenhauer fue el primer autor de obra filosófica importante que leí. Después leí otros filósofos, pero ya no me hicieron tanta impresión”

1891 Concluye la carrera de Medicina en Valencia, donde se había instalado la familia, en la calle Samaniego (aparece la casa en el árbol de la ciencia)

1892 Enferma repentinamente su hermano Darío. Su pesimismo se exacerbó. “Todos nos vamos a morir así…”

1893 Cursa el doctorado en la Universidad de Madrid y escribe la tesis: “El dolor. Estudio psicofísico” (el árbol de la ciencia)

1894 Muere su hermano Darío a los 23 años. Solicita plaza de medico en Cestona. “Ya de doctor me volví a Burjasot, un pueblo próximo a Valencia, donde vivía mi familia. Teníamos una casa muy pequeña con perales, albérchigos y granados. (…) Mi padre escribía en la Voz de Guipúzcoa de San Sebastián y le enviaban este periódico. Un día leí yo, o leyó alguno de mi familia, que estaba vacante la plaza de médico titular en Cestona. Decidí solicitarla y mandé una carta y una copia del título. Resultó que fui el único que se presentó a solicitar la plaza y me la dieron”. Visitaba a caballo entre la nieve. Adquirió buena fama como médico, “Un tanto de escepticismo y otro tanto de prudencia me evitaron el hacer disparates”. “Comencé a sentirme vasco y a seguir el hilo de la raza que tenía perdido”

1895 El oficio de médico le asqueaba y riñó con el médico viejo, con el alcalde, con el párroco y con el sector católico del pueblo, que le acusaba de trabajar los domingos en su jardín y de no ir a misa, pues, en efecto, era ateo. Entonces, renuncia a su plaza y fue a reunirse con sus padres a San Sebastián. Allí conoció a capitanes de barco y negreros que utilizó en “Las Inquietudes…”

1896 Vuelve a Madrid para regentar la panadería de su tía doña Juana Nessi panadería (Viena Capellanes), de la cual ya se había ocupado su hermano Ricardo.
“Convencido de que en San Sebastián como médico, no habría de hacer nada de provecho, decidí sustituir a mi hermano y hacerme panadero, para lo cual no sé si tendría más o menos condiciones que para médico. Al verme de nuevo en Madrid (…) se me presentaba el ya lejano pasado como próximo e igualmente los estudios, las horas de vagabundear por el Retiro y las Rondas. Madrid ahora, me gustaba”
“Cogí una época bastante mala. Era el final de la guerra de Cuba y la vida de la industria y del comercio en Madrid estaba decaída. Para mi empresa me faltaba capital y no lo pude encontrar, por mas ensayos que hice. La verdad es que no encontré más que usureros. En aquella época los trabajadores madrileños comenzaron en todas las industrias a asociarse y a considerar como enemigo suyo al patrón”

1898 Desastre colonial. Paz de París
“A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia (…); después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo” (El árbol de la ciencia)
“Era la casualidad que nos reunió por un momento a todos, un momento muy corto, que terminó en una desbandada general. Hubo días que nos reuníamos 30 ó 40 aprendices de literato en las mesas del antiguo Café de Madrid”
“Yo no ganaba dinero; pero vivía bastante cómodamente en casa. Había liquidado toda aspiración grave y me dedicaba a una especie de bohemia, sin preocupación por el mañana”

Ensaya jugar a la Bolsa. Pío Baroja decide dedicarse a la literatura.
“Había sido médico de pueblo, industrial, bolsista y aficionado a la literatura. Había conocido bastante gente. El ir a América no me seducía. Llegar a tener dinero a los 50 años no valía la pena para mí. Quería ensayar la literatura. Yo comprendía que ensayar la literatura daría poco resultado pecuniario, pero mientras tanto podía vivir pobremente, pero con ilusión. Y me decidí a ello.”
Lecturas: Víctor Hugo, Sue, Balzac, Zola, Espronceda, Bécquer, Schopenhauer, Poe, Baudelaire, Dickens, Stendhal, Turguenef, Dostoiewski, Tolstoi, Ibsen y Nietzsche.

1899 “En estos últimos años del s XIX había comenzado yo a escribir asiduamente, entre cuenta y cuenta y factura de la panadería. Hice varios artículos que se publicaron en diversos periódicos”. "Es un escritor de mucha miga, Baroja" -dijo de él Rubén Darío a un periodista. A lo cual respondió el escritor: "También Darío es escritor de mucha pluma: se nota que es indio". Instalado en Madrid empezó a colaborar en periódicos y revistas, simpatizando con las doctrinas sociales anarquistas y de izquierdas, pero sin militar abiertamente en ninguna

Primer viaje a París. “Quise ver París como quien se pone a leer Los Miserables o Las hazañas de Rocambole (…) Uno de los objetos principales de la visita y de la estancia allá era para mí darme cuenta de lo que podía ser un español ante el mundo europeo.”

Comienza a colaborar con El Liberal y otras publicaciones periódicas en Madrid. Continúa frecuentando la vida literaria madrileña. (Valle, Orts, Bargiela, Trillo, Urbano, Vives, Corominas” “Si el caballo no era bueno, el jinete se creía valiente o por lo menos quería serlo. Deseaba que me pasaran cosas fuertes, pensaba que tendría energía para soportarlas.”

1900 Excursión con Ramiro de Maeztu por tierras de Álava y La Rioja que inspira El Mayorazgo de Labraz que publica ese mismo año. Publica Vidas Sombrías (En esta obra se encuentran en germen todas las obsesiones que reflejó en su novelística posterior. El libro fue muy leído y comentado por prestigiosos escritores como Miguel de Unamuno, que se entusiasmó con él y quiso conocer al autor, por Azorín y por Benito Pérez Galdós) y La Casa de Aizgorri.

Conoce a Azorín en la Castellana.
“¿Usted es Baroja? “Sí” “Yo soy Martínez Ruiz”
“Nos dimos la mano y nos hicimos amigos. Por entonces emprendimos viajes juntos colaboramos en los mismos periódicos, atacamos las mismas ideas y los mismos hombres”

Los hermanos Baroja solían ir al Paular, donde conocieron a muchos elementos de la colonia alemana y suiza de Madrid, aficionados a la Sierra. Les acompañaba frecuentemente Paul Schmidt, con quien trabaron gran amistad. “Schmitz fue para mi como una ventana abierta a un mundo no conocido”

1901 Varios “ingenios” de esta corte visitan la tumba de Larra. Publica Paradox

1902 Se desentiende del negocio de la panadería que encomienda a un administrador y se entrega totalmente a la literatura. Se muda a la calle Mendizabal 34, donde reside hasta la Guerra Civil. Publica Camino de Perfección.

1903 Se traslada a Tánger como corresponsal de El Globo. Publica El mayorazgo de Labraz.

1904 Publica la trilogía La lucha por la Vida. “El convivir durante algunos años con panaderos, repartidores, y gente pobre, el tener que acudir a veces a las tabernas para llamar a un trabajador, con frecuencia intoxicado, me impulsó a curiosear por los barrios bajos de Madrid. A pasear por las afueras y a escribir sobre la gente que está al margen de la sociedad.

Viaje a Córdoba con Darío de Regoyos. (La feria de los discretos)

Segundo viaje a París. Publica El Tablado del Arlequín

1905 Publica La feria de los discretos

1906 Viaje con Ciro Bayo y Ricardo Baroja por la vera del Tietar, descendiendo a Yuste.

Conoce a Nicolás Estébanez, al anarquista Malatesta. Publica Paradox Rey y Los Últimos Románticos.

1907 Viaje a Italia. Publica Las tragedias Grotescas.

1908 Otro viaje a Italia. Escribe César o Nada y Zalacain y publica La Dama Errante

1909 Candidato a concejal lerrouxista por el distrito Centro. Publica la Ciudad en la niebla y Zalacain

1910 Publica César o Nada

1911 Publica Las inquietudes… El árbol de la Ciencia y Adiós a la Bohemia. Comienza las investigaciones sobre Aviraneta.

1912 Viaje a La Guardia. (El aprendiz de Conspirador)
Sin haber llegado a vivir en Vera de Bidasoa compra el caserón de Itzea, donde pasa grandes temporadas. Muere Don Serafín, su padre. Publica El mundo es ansí.

1913 Boda de Carmen Baroja con Rafael Caro Raggio, que había de ser editor de gran parte de la obra de Don Pío. Aparece el aprendiz de conspirador primero de los 22 volúmenes que constituyen las Memorias de un hombre de acción y tiene por personaje central a su pariente Eugenio de Aviraneta. Nuevo viaje a París.
Banquete de Baroja en París al que asisten Zuloaga, Blasco, Penagos y Ciges Aparicio

1914 Nace en Madrid su sobrino Julio. Publica Los caminos del mundo.
1915 Aparición de la revista España en cuyos primeros números colabora. Sostiene polémicas sobre la Guerra Mundial. Estancia en Bilbao. Publica Con la Guerra y con el Sable y Los recursos de la Astucia
1916 Publica Los recursos del Aventurero y La dama del Sable
1917 Publica Juventud y Egolatría y Nuevo Tablado de Arlequín
1918 Intenta ser proclamado candidato a diputado por Fraga. “Escucho en todas las estaciones del viaje electoral –no llegué a candidato- esta tonadilla “Mateo, como es tan feo, / se lava con carabaña/y se riza los bigotes/ con un palito de caña/ ¡Mateo! ¡Mateo!/ No te quites el bigote/que estás feo. Este fue el leitmotiv del viaje, que no tenia la pompa de los de Wagner.” Se editan paginas escogidas donde incluye un prólogo y notas que pueden considerarse –junto con Juventud y Egolatría- como germen de sus memorias. Publica La veleta de Gastizar, Los caudillos de 1830, Idilios y fantasías, Las horas Solitarias y El cura de Santa Cruz y su partida
1919 Publica Momentum catastrophicum (crítica feroz al nacionalismo vasco), La caverna del humorismo, La isabelina y Cuentos.
1920 Conferencia en Bilbao sobre Divagaciones sobre la Cultura que publica. También publica Los contrastes de la Vida y La Sensualidad Pervertida
1921 Publica El Sabor de la Venganza y Las Furias
1922 Publica La leyenda de Jaun de Alzate y El amor, el dandysmo y la intriga
1923 Contrae la rabia por una mordedura de un perro. Publica El laberinto de las sirenas
1924 Publica Divagaciones apasionadas, Las figuras de Cera y Critica arbitraria
1925 Publica La Nave de los locos
1926 Se inaugura el teatro privado El Mirlo Blanco en el piso de Ricardo Baroja, dirigido por su mujer Carmen Monnet, en la calle Mendizabal con Los Cuernos de Don Friolera de Valle y Adiós a la Bohemia de Pío Baroja. Publica La casa del crimen, El horroroso crimen de Peñaranda del Campo, Las veleidades de la Fortuna, y El gran torbellino del mundo. Viaje a Alemania, Holanda y Dinamarca con Schmidt que aparecería en la trilogía El gran torbellino del mundo. Viajes a Inglaterra y París
1927 Publica El Nocturno del Hermano Beltrán, Los amores tardíos, Las mascaradas sangrientas y Entretenimientos
1928 Nace su sobrino Pío. Publica Yan-si-Pao o las Evastica de Oro, Humano enigma, La senda Dolorosa y El capitán Mal Sombra.
1929 Publica El poeta y la princesa y Los pilotos de altura
1930 Publica La estrella del Capitán Chimista y Los confidentes audaces.
1931 Exposición de Ricardo en el Ateneo. Publica Intermedios, Aviraneta o la vida de un conspirador y La venta de Mirambel.
1932 Publica La trilogía La selva oscura.
1933 Colabora regularmente en el diario Ahora. Publica Juan Van Halen y El oficial aventurero
1934 Publica Las Noches del Buen Retiro, Siluetas Románticas. Es elegido académico el 7 de Junio. Homenaje en Ituren (Navarra)
1935 Lee su discurso de ingreso en la Academia sobre el tema “La formación psicológica de un escritor” el 12 de Mayo, Le contesta Gregorio Marañón. Muere su madre en Vera. Publica Vitrina Pintoresca, la formación psicológica de un escritor, Crónica escandalosa y Desde el principio hasta el fin último capítulo de Aviraneta.
1936 Incidente en Santesteban (es insultado por unos carlistas) y marcha a Francia. Residencia en el Colegio de España de la Ciudad Universitaria. Colabora en La Nación de Buenos Aires. “Al volver a París en 1936, sacado de mi rincón junto al Bidasoa por la guerra civil para vivir rodeado de estudiantes de uno y otro sexo, oriundos de las mas diversas nacionalidades, he podido convencerme del poco éxito que nos acompaña a los escritores españoles, que nadie nos conoce y a nadie interesamos. Con motivo de haberse publicado en Valladolid, zona nacional, un libro mío, en el que mi editor había reunido algunos artículos periodísticos aparecidos hace tiempo, antes de la guerra y al que puso el título circunstancial y llamativo de Comunistas, judíos y demás ralea me ha sorprendido hallar en una revista de París un artículo sobre dicho libro, que firma un profesor de literatura de la Universidad de Salamanca. Por los términos del artículo y, sobre todo, por unas líneas que la Redacción de la revista pone al frente de aquel, se comprende que se trata de una publicación de propaganda.” Publica El cura de Monleon y Rapsodias.
1937 Viaje a Basilea invitado por Schmitz. Regresa a Vera. Acude a Salamanca a la constitución del Instituto de España y regresa a Francia.
1938 Publica Locuras de Carnaval, Todo acaba bien… a veces y Susana
1939 Al comenzar la 2º guerra mundial decide ir a América, llegando hasta el Havre. Desiste por falta de pasaje. Publica Laura o la soledad sin remedio, Ayer y hoy, El tesoro del holandés, Los espectros del Castillo, El diablo a bajo precio e Historias lejanas
1940 En la primavera se traslada a Bayona y de allí a Vera hasta el otoño y luego se instala en Madrid, en la casa de Ruiz de Alarcón 12
1941 Escribe en Itzea el primer volumen de sus Memorias, Desde la ultima vuelta del camino que empieza a publicar en Semana. Publica Chopin y Jorge Sand
1942 Publica Anchoca el Afilador
1943 Muere su cuñado y editor Rafael Caro Raggio. Comienza la tertulia vespertina de Don Pío en Ruiz de Alarcón. Publica El Caballero de Erlaiz, Pequeños ensayos y El estanque Verde
1944 Publica un libro de poemas Canciones del Suburbio y El escritor. Según él y según los críticos y Familia, infancia y juventud
1945 Estreno de Adiós a la Bohemia con música de Sorozabal. Publica Final del siglo XIX y principios del XX y El puente de las Ánimas
1946 Publica El Hotel del Cisne
1947 Publica Galería de tipos de la Época
1948 Publica la Intuición y el estilo, Los enigmáticos y Reportajes
1949 Aparece el ultimo volumen de sus memorias: Bagatelas de Otoño y Ciudades de Italia. Muere su hermana Carmen
1950 Inicia una nueva serie de novelas saturnales con el cantor vagabundo
1951
1952 Marcha a Méjico su sobrino Pío Caro. Publica La obsesión del Misterio y Las veladas del chalet gris
1953 Publica la Guía del País Vasco, Los amores de Antonio y Cristina e Intermedio Sentimental. Muere en Itzea (19-12-52) su hermano Ricardo.
1954 Índice de Artes y Letras dedica su número 70-71 a un homenaje a la obra de Pío Baroja, con múltiples colaboraciones. Publica Los contrabandistas vascos. Hace su última aparición pública por un homenaje del British Institute.
1955 Su última estancia en Vera. Publica Paseos de un Solitario y Aquí, París. El Doctor Marañón le diagnostica u proceso artero esclerótico y pasa un mal invierno al cuidado de Clementina Téllez (su sirvienta) y un grupo de amigos.
1956 El 20 de Mayo a las cinco de la mañana padece una caída con rotura de fémur de la que se le opera el 25 en Madrid. Aguanta la operación pero se agrava su estado general. Le brinda un respetuoso homenaje Hemingway. Su sobrino Pío regresa de Méjico. Muere el 30 de Octubre al las 16h. Se le entierra en el Cementerio Civil de Madrid (Cuartel 4 bajo. Manzana 29 letra B) el día 31 a las 10,30h. Su féretro es llevado por Camilo José Cela (que hace un comentario sobre la mala calidad de la madera del ataúd, que le ensucia la americana) y Hemingway. Se publica póstumamente La obra de Pablo Yarza y algunas otras cosas y La decadencia de la cortesía y otros ensayos.

LA OBRA

Don Pío fue un hombre pesimista, a que ocultarlo. Pesimista en su concepción sobre el hombre y el mundo: «la vida es esto: crueldad, ingratitud, inconsciencia, desdén de la fuerza por la debilidad». Y por ello individualista, aristocrático –en su concepción etimológica-, misógino en su timidez (y sin embargo construyó uno de los retratos de mujer mas puros, divinos, veraces y tiernos de nuestra literatura María Aracil de la Dama Errante), genialmente grosero y malhumorado en algunas ocasiones.
Y sin embargo Don Pío escondía otra cara más oculta, la de un hombre compasivo y tierno, en busca de la piedad, un sentimental necesitado de cariño, hipersensible ante el dolor y la injusticia. Un romántico en busca de la aventura, de la luz. Sinceramente contradictorio, como la vida.
Estas dos vertientes de su personalidad se reflejan con una sinceridad apabullante en toda la inmensa obra novelística de Baroja. Es un constructor de situaciones, de momentos, de relatos y sobre todo de personajes que sobrepasan la novela. Prefiere el héroe problemático, el emigrado, el rebelde, el prisionero, el criminal y los pone en acción desde dentro. La narración fluye desde el propio personaje sin un plan preconcebido en una novela abierta, permeable y moderna, con personajes que entran directamente y la abandonan súbitamente.
Precursor del periodismo moderno –la noticia desde el personaje, desde abajo- que el practicó; del cine moderno -neorrealismo español de Azcona, Berlanga, Bardem, Neville, Forqué…- ; y de gran parte de la novela de posguerra española y europea.
A menudo se ha reprochado a Baroja su descuido en la forma de escribir. Eso se debe a su tendencia antirretórica, pues rechazaba los largos y laberínticos periodos de los prolijos narradores del Realismo, actitud que compartió con otros contemporáneos suyos, así como el afán de crear lo que denomina una «retórica de tono menor», caracterizada por:
· Empleo del período corto,
· Sencillez y economía expresiva: "El escritor que con menos palabras da una sensación es el mejor".
· Impresionismo descriptivo: selección de rasgos significativos más que reproducción fotográfica al detalle característica de los minuciosos y documentados narradores del Realismo.
· Tono agrio, selección de un léxico que degrada la realidad a tono con la actitud pesimista del autor.
· Breves ensayos e intensos intermedios líricos.
· Tempo narrativo rápido, cronotopo dilatado.
· Diálogos respetuosos con la oralidad y la naturalidad.
· Deseo de exactitud y precisión, rasgos estilísticos que confieren la amenidad, el dinamismo y la sensación de naturalidad y vida que el escritor pretendía para sus novelas

Con todo esto, Baroja nos dejó un corpus de mas de sesenta novelas –agrupadas por el mismo en trilogías- que le convierten sin lugar a dudas en el más importante novelista contemporáneo español –desde el siglo de Oro-, de gran influencia en las generaciones posteriores. Una obra –como la de Zola- que representa también el relato vigoroso y sincero de cincuenta años de la historia de este país desde dentro.
Trilogías y Tetralogías:
Tierra vasca agrupa La casa de Aitzgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero(1909).
La lucha por la vida integra La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora Roja (1905).
La raza está formada por El árbol de la ciencia (1911), La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909).
El pasado agrupa La feria de los discretos, Los últimos románticos y Las tragedias grotescas
La vida fantástica está formada por Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (pasión mística) (1901) y Paradox rey (1906)
Las ciudades agrupa a César o nada (1910); El mundo es ansí (1912); La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia (1920).
El mar: Las inquietudes de Shanti Andía (1911) El laberinto de las sirenas (1923); Los pilotos de altura (1931); La estrella del capitán Chimista (1930)
Los amores tardíos: El gran torbellino del mundo (1926); Las veleidades de la fortuna (1927); Los amores tardíos (1942).
La selva oscura: La familia de Errotacho, (1932); El cabo de las tormentas (1932); Los visionarios (1932)
La juventud perdida: Las noches del Buen Retiro 1934; Locuras de carnaval (1937); El cura de Monleón (1936).
Novelas que no agrupó en trilogía alguna son Susana y los cazadores de moscas (1938), Laura o la soledad sin remedio (1939), El caballero de Erlaiz (1943), El hotel del Cisne (1946) o El cantor vagabundo (1950).
Entre 1913 y 1935 aparecieron los 22 volúmenes de una larga novela histórica, Memorias de un hombre de acción, basada en la vida de un antepasado suyo, el conspirador y aventurero liberal y masón Eugenio de Aviraneta,(1792-1872), a través del cual refleja los acontecimientos más importantes de la historia española del siglo XIX, desde la Guerra de la Independencia hasta la regencia de María Cristina, pasando por el turbulento reinado de Fernando VII. Son las siguientes: El aprendiz de conspirador (1913), El escuadrón del "Brigante (1913), Los caminos del mundo (1914), Con la pluma y con el sable (1915), Los recursos de la astucia (1915), La ruta del aventurero (1916), Los contrastes de la vida (1920), La veleta de Gastizar (1918), Los caudillos de 1830 (1918),La Isabelina (1919), El sabor de la venganza (1921), Las furias (1921), El amor, el dandysmo y la intriga (1922), Las figuras de cera (1924), La nave de los locos (1925), donde se defiende de las críticas hacia su forma de novelar vertidas por José Ortega y Gasset en El Espectador), Las mascaradas sangrientas (1927), Humano enigma (1928), La senda dolorosa (1928), Los confidentes audaces (1930), La venta de Mirambel (1931), Crónica escandalosa (1935) y Desde el principio hasta el fin (1935)
Baroja publicó también cuentos, como los que recogió en Vidas sombrías (1900) e Idilios vascos (1902); libros autobiográficos y de memorias (Juventud, egolatría y los siete volúmenes Desde la última vuelta del camino, compuestos por El escritor según él y según los críticos, 1944; Familia, infancia y juventud, 1945, Final de siglo XIX y principios del XX, 1946; Galería de tipos de la época, 1947; La intuición y el estilo, 1948; Reportajes, 1948 y Bagatelas de otoño, 1949). Además redactó biografías como Juan van Halen o Aviraneta o La vida de un conspirador (1931); ensayos, como El tablado de Arlequín (1904), La caverna del humorismo (1919), Momentum catastrophicum o Divagaciones apasionadas (1924)-Las horas solitarias, Intermedios. Vitrina pintoresca, Rapsodias. Pequeños ensayos, El diablo a bajo precio, Ciudades de Italia, La obra de Pello Yarza y otras cosas, Artículos periodísticos y algunas obras dramáticas: La leyenda de Jaun de Alzate (1922), Nocturnos del hermano Beltrán, Todo acaba bien... a veces, Arlequín, mancebo de botica, Chinchín, comediante y El horroroso crimen de Peñaranda del Campo.

VALORACIÓN

“Una novela emocionante e interesante” (Lo mínimo que pedía Henry James a un relato)

Esta es la segunda novela de Pío Baroja que ha pasado por esta tertulia. La primera fue La Busca, novela de corte urbano, social y oscuro como un cuadro de Solana. Esta que nos ocupa hoy, “Las inquietudes de Shanti Andía” (1911) es una novela llena de mar y de luz, como un cuadro de Sorolla. Pertenece a la trilogía El Mar y Pío Baroja expresa en ella su romántico entusiasmo por el mar, por la aventura y por las tradiciones vascas (por las que ha sido tan puesto en entredicho. Sí, Don Pío amaba profundamente su tierra).
Las inquietudes es una novela-romance de aventuras de corte autobiográfico resuelta como un libro de memorias. «Hay en Las inquietudes notas autobiográficas y recuerdos de San Sebastián de cuando yo era chico. Mi tía Cesárea, que en la novela se llama la tía Úrsula, vivía en una calle que da al muelle, y desde los balcones de su casa solía yo contemplar el movimiento del puerto»- donde el protagonista va recopilando, en su vejez desengañada, los fragmentos de un diario escrito en diferentes épocas de su vida. Por él conocemos su infancia en el pueblecito vasco de Lúzaro, su juventud soñadora en tierras gaditanas, sus venturas y desventuras como capitán de fragata, y sobre todo la fascinación por su tío Juan de Aguirre, trasunto de antiguos marinos vascos y verdadero héroe de la novela, cuya vida aventurera está plagada de pintorescas peripecias. Desde la conciencia de una vida malgastada, Shanti Andía –y por extensión Don Pío, en búsqueda de una acción que le aleje del tedio vital- muestra una nostalgia inmensa por el mar de antaño, que recorrían hombres llenos de impulso viril y de anhelo de aventura, siempre en conflicto con la sociedad convencional y a la vez una novela de la denigración del mar y el canto a la tierra natal (se sintió vasco, de la tierra) (Anexo I).
La moral del aventurero es flexible. “La aventura puede ser loca, el aventurero no”. Siempre busca su propio provecho y en las inquietudes también. La obligación del aventurero es volver rico a tierra. Baroja distingue aquí entre la moral de los vascos y sus amigos (bondadosos, humanos dentro de su provecho, pertenecientes al clan) y del resto de la tripulación, apátrida, escoria, gentuza simbolizada por dos perros peleadores e innominados.

Contada en primera persona con diferentes puntos de vista para el mismo echo, con retrocesos temporales (cronotopo flexible), una novela moderna, intuitiva –como el cine actual-. La narración es vaga cuando lo precisan las necesidades del personaje que es el centro de todo.

Decían de Baroja que no sabía Gramática y que su sintaxis es pobre. En esta novela encontramos imperfecciones estilísticas: laísmos, errores de puntuación, redundancias, construcciones incorrectas. ¿Deliberadas? No parece factible. Baroja no se preocupaba por esos detalles. Creía en el lenguaje directo, fluido, fácil, sin barroquismos ni ambages, se escribe como se habla. Pero cuando los personajes contemplan, hay fragmentos de una gran belleza lírica (descripciones del mar, de Cádiz pag. 119). Hay una enorme melancolía en todo el texto, marinado en una nostalgia de un tiempo que atisbó y que amó.

En definitiva una novela intensa, vital, romántica y ante todo terriblemente interesante. Una novela de aventuras llena de viajes, raptos, duelos, naufragios, tempestades, tesoros, encarcelamientos, huidas, combates singulares, herencias inesperadas, asesinatos y atentados y tal vez mucho más.

INTERVENCIONES

Carlos Fernández:

“Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad.”

De este modo tan decepcionado comienza su relato Shanti Andía, y lo termina:

“¡Oh, gallardas arboladuras! ¡Velas blancas, muy blancas! ¡Fragatas airosas, con su proa levantada y su mascarón en el tajamar! ¡Redondas urcas, veleros bergantines! ¡Qué pena me da el pensar que vais a desaparecer, que ya no os volveré a ver más!

Si, yo me alegro de que mis hijos no quieran ser marinos..., y, sin embargo...”

Todo lo que transcurre entre ambos párrafos es la acción, la aventura, lo que el protagonista lamenta que se ha perdido, lo que rechaza a la vez que añora para sus hijos.

Para Shanti Andía la existencia, para tener interés, ha de ser dinámica. El mar representa esa movilidad respecto a la tierra. En apenas un párrafo el protagonista cambia de continente, pasa de la tormenta a la calma.

La obra se construye en forma de círculos concéntricos, desde la infancia a la madurez, siendo el contenido de cada círculo los personajes que le rodean en cada momento. Empieza en la infancia, presentándonos a su madre, su tía, la Iñurre, Yurremendi, sus amigos Recalde y Zelayeta, etc. En el libro segundo aparece el capitán Ciriaco Andonaegui, D. Matías Cepeda, Dª Hortensia, Dolorcitas... Ese tenor se mantiene en todos los libros, parece que la identidad del protagonista se construye a partir de quienes le rodean.

La novela cuenta con decenas de personajes, pero solo uno además del propio narrador ocupa un lugar principal en el libro: el de su tío Juan de Aguirre. Ya en el libro primero “infancia” aparece este personaje, que va cobrando consistencia a medida que avanza la novela. En algún momento de la misma, el propio Shanti Andía cede el protagonismo a su tío hasta que se adueña de ésta. Parece decir que, como si de un designio inexorable se tratara, también su propia existencia carece de interés si se la compara con la de la generación que le precedió.

Además de esa demasía de personajes que entran y salen casi sin dejar huella, también parece que el libro se compone de la suma de relatos independientes. Por ejemplo, la relación entre su estancia en Cádiz (libro segundo) y el relato de Itxaso (libro cuarto) es difícil de determinar.

La introducción en el discurso narrativo de largos párrafos minuciosamente descriptivos da la sensación de cosas distintas colocadas una al lado de la otra y provoca cambios de ritmo que en ocasiones resultan incómodos. Un ejemplo de esto sería los capítulos IV, V y VI del libro tercero “la vuelta al hogar”, titulados “La playa de las ánimas”, “Frayburu” y “Bisusalde”.

 

Roberto Sánchez:

La novela se puede leer como si de dos novelas se tratara, no por que se produzca una quiebra argumental o ruptura en la trama, sino porque la fuerza que adquieren los dos personajes principales en el desarrollo de la obra, Shanti Andía y Juan de Aguirre, cada uno por su lado, les convierte en el eje de los acontecimientos que se producen en torno a ellos, de forma que éstos sucesos y los personajes que los protagonizan aparecen claramente diferenciados y separados. La primera parte, que indudablemente es autobiográfica, gira alrededor de la vida de Shanti Andía. Tiene un extraordinario valor como documento histórico, además de antropológico-etnográfico. En este sentido, la obra puede ser calificada como novela histórica, al menos en su primera parte. La acción transcurre más o menos a mediados del siglo XIX, en medio de una situación sociopolítica marcada por las contiendas carlistas. Baroja refleja con lacónicas y precisas pinceladas el tenso ambiente sociopolítico que se vivió en aquella época, en la que liberales y carlistas aparecen enfrentados de modo irreconciliable, defendiendo posiciones y argumentos que, curiosamente, hoy en día nos resultan familiares por su recurrencia y hasta manidos por la actual clase política. En cuanto texto de contenidos antropológicos, la novela nos revela como era la vida de los pueblos marineros vascos en aquel tiempo, nos habla de los vascos, de sus costumbres y tradiciones, en este caso las relacionadas con la vida marinera. Esta parte de la novela es anodina, y resulta aburrida, cuando no tediosa, como la propia vida de Shanti Andía, para quien sus días son insulsos y carentes de expectativas de futuro. Es como si pasase de puntillas por su propia vida al albur de un profundo desencanto existencial, como si no quisiera vibrar al ritmo de la cadencia de los pálpitos de la pasión y al compás de las emociones. Así la circunstancia más reseñable de su vida es un duelo que protagoniza en Cádiz por la disputa de una muchacha, y ésta no cobra intensidad ni siquiera cuando vive una relación amorosa con su prima, con quien mantiene un noviazgo extraño, desangelado y distante, partido continuamente por las travesías marinas que realiza, travesías en barcos de pasajeros o mercantes, nunca de exploración o aventureras, carentes de cualquier interés literario. Por el contrario, la segunda parte de la obra es una novela de aventuras, en la que Shanti Andía vive por cuenta de su tío Juan de Aguirre, diluyéndose él mismo en la vida de éste. En esta segunda parte, la acción se acelera y, como corresponde a una novela de aventuras, aparecen barcos de negreros, motines, tesoros escondidos, etc.…, e incluso la vida familiar de Shanti Andía experimenta una cierta convulsión, en la que resulta que Juan Machin, el rico del pueblo, es el hermano de su prima y el hijo de Juan de Aguirre, el alter ego que querría ser Shanti Andía.

Ambas partes son un fiel retrato de la propia vida de Pío Baroja. La primera refleja su existencia, por decirlo así, plana, en lo que a acontecimientos relevantes se refiere, existencia destinada únicamente a la lectura y a la escritura y, si acaso, de vez en cuando a la celebración de tertulias con sus amigos. En cambio, la segunda recoge sus ansias viajeras y sus inquietudes íntimas e insatisfechas, el anhelo utópico de ser otro y en otro tiempo, al igual que le sucede a Shanti Andía.

 

Emilio Hidalgo:

El libro consta de dos partes bien diferenciadas. Una en la que el protagonista es Shanti Andía, que relata lo que fue su infancia, juventud y vuelta al hogar después de toda una vida marinera; y otra que narra las aventuras de Juan de Agirre o Juan de Ugarte. La primera parte resulta árida, quizá porque es muy costumbrista, descriptiva y absolutamente melancólica, e incluso espesa en el capítulo que cuenta el regreso al hogar de Shanti Andía. El aspecto más interesante de esta primera parte son las reflexiones inteligentes que formula el autor, por ejemplo, cuando manifiesta a propósito del amor que “En general el amor es eso, sobre todo en las personas muy jóvenes que no tienen preocupaciones espirituales, un instinto más cercano a la crueldad y el odio que al afecto tranquilo” (p. 117)(*), o cuando se refiere a la soledad como la “sorda cólera” o “indignación frenética” que produce el no saber vivir como los demás o no hallar tu sitio en el lugar que vives, cuando defiende el sentido del lenguaje afirmando que quienes priman el sonido de las palabras sobre su significado “están muy cerca de ser unos idiotas”, o también cuando acierta a decir (en un ejercicio de misoginia fingida) que “Quizá es lo natural en el hombre ser un poco canalla, y en la mujer un poco cruel” (p. 125) (*)

La segunda parte, donde se suceden múltiples relatos de aventuras, resulta muy gratificante y entretenida. Se agradece que, después de tantos y tantos avatares e idas y vueltas en el camino de la vida, Baroja nos regale un final más o menos feliz, en el que Shanti Andía parece superar tímidamente su natural pesimismo y náusea existencial, para afrontar el futuro asumiendo que es un vagabundo en ese camino de la vida, cuyo único límite es la infinitud, al igual que la inmensidad de la mar es el límite de la playa.

La novela es muy abierta. Está escrita al modo en que los impresionistas pintaban sus cuadros (que por otra parte es una de las características de la producción literaria de los autores de la Generación del 98), esto es, a base de retazos compuestos por descripciones subjetivas de los ambientes y de impresiones de las situaciones, referidas siempre al estado anímico del autor. Quizá, por esta razón, a veces resulta difícil determinar la edad de los personajes o la contextualización cronológica de los hechos que se narran en la novela. En ella destacan dos protagonistas principales, Shanti Andía y su tío Juan de Aguirre, mientras el resto de los personajes intervienen muy poco activamente. Aparecen y desaparecen, como si tal cosa, dejando muchas veces al lector un tanto perplejo, cuando no irritado, porque tras la irrupción en escena de alguno de ellos espera cierta continuidad de su participación en los acontecimientos que se narran. ES el caso, por ejemplo, de Recalde y Zelaieta, de quienes Shanti Andía dice que son sus mejores amigos, que irrumpen en la acción al principio de la novela, en el capítulo de La Infancia, para luego prácticamente no volver a ser mencionados. De todas formas, Baroja trata con mucho cariño y respeto a todos estos personajes, incluso a los más crueles y malvados, en muchas ocasiones truhanes, facinerosos y asesinos, a quienes justifica en cierta manera, presentándolos también en su vertiente humana y bondadosa que, si bien aflora en ellos rara vez, evidentemente poseen.

 

Jon Rosáenz:

Se trata de un magnífico libro de aventuras, bien estructurado y con una trama sostenida, sustentada en una suerte de artificio literario consistente en la vertebración de los acontecimientos a través de un hilo conductor, que no es otro que Juan de Aguirre, quien es mencionado al principio de la obra casi como un enigma, como un tío de Shanti Andía que vivió una vida aventurera y novelesca, para posteriormente resucitar, bien como el artífice de un sinfín de aventuras pretéritas o bien como recuerdo presente en la figura de su hijo Juan Machin, y convertirse en el verdadero protagonista de la historia. Historia que presenta unos hechos sorprendentes y un final oscuro y emocionante, espectacular, fantasmagórico y muy cinematográfico.

Como nos recuerda Julio Caro Baroja en el Prólogo de su obra “Cuentos de Pío Baroja, su tío era un ávido lector que antes de escribir “Las inquietudes de Shanti Andía” se documentó prolijamente leyendo numerosos libros y novelas de temática aventurera y marina, así como muchos libros de filosofía. Probablemente se enfrascó en la lectura de estos libros movido por un intrínseco, afán de búsqueda de la verdad y perentoria necesidad de entender el mundo y el sentido de la vida. Su espíritu crítico, propio de un librepensante, le granjeó no pocas enemistades. Caro Baroja afirma en el Prólogo lo siguiente: “Los artículos y cuentos de mi tío tenían por lo general un tono filosófico, un tono de época que hizo que no gustaran nada a Don Nicolás Almerón, y que fue la causa de que dejara de colaborar en “La Justicia”(un periódico de la época).(…) “El que en la época de la juventud de mi tío tuviera cierta afición a la filosofía, no a las asignaturas filosóficas que como tales existían en la universidad, le obliga a buscar fuera alimentos de los modos de pensar y de las formas de expresión, alimentos distintos a los preconizados o recomendados en programitas, manuales, obras apologéticas y textos pedagógicos al uso, de una sequedad y aridez o de una oscuridad o garrulería ejemplares”. Y precisamente, a propósito de la forma o el estilo narrativo barojiano, al que muchos tachan de frío, Caro Baroja nos avisa de esto: “Pero mi juicio no vale, porque está condicionado por la estrecha vida familiar. No vale tampoco, porque está condicionado también por una especie de discrepancia continua ante ciertos juicios españoles: por la discrepancia que sentí, ya de adolescente, cuando por ejemplo en un texto de literatura castellana, escrito en prosa mostrenca y garbancera, leí que la prosa de mi tío era fría y seca, y que los caracteres que dibujaba no conmueven, cuando comprobé que este juicio podía repetirse una y otra vez sin parecer una soberana necedad”. Y no le falta razón al sobrino de Pío Baroja, porque la novela que nos ocupa es inequívocamente emocionante y conmovedora, está impregnada de una angustiosa melancolía, contiene una gran dosis de lirismo, sobre todo al final de la obra, y no está exenta de finísimos toques de humor, como por ejemplo estos: “Zaldumbide no era partidario de maltratar ni de pegar siquiera a los negros, no por nada, sino por no estropearlos”. (p. 206) (*) “Zaldumbide no tenía ninguna simpatía por los celestes. Se le había ocurrido que era más cómodo, en caso de necesidad, en vez de echar agua a los chinos, echar los chinos al agua”. (p. 216) (*)

(* ) La página se refiere a la edición de “ Las Inquietudes de Shanti Andía” de la Edición de Julio Caro Baroja, CARO RAGGIO / CATEDRA Letras Hispánicas, 16.ª edición Madrid 2004

 

Miguel San José:

La lectura de esta novela tiene un efecto rejuvenecedor para el espíritu, por un lado; y por otro, pone de manifiesto la falsedad de algunas fuentes interesadas que predican a los cuatro vientos la injusticia histórica y la demagogia con la que ancestralmente ha sido tratado todo lo relativo a la realidad social y la lengua vasca.

Nicolás Zimarro:

Hablar de “Las inquietudes de Shanti Andía” es hablar de la mar. La mar es abierta, empieza donde uno quiera, en el cabo, golfo, costa, litoral o playa desde donde la observamos, y acaba allí donde llega la vista, en un horizonte inalcanzable, en la rompiente de las rocas o en el arenal de cualquier playa. Es abierta, sí, como esta novela de Baroja, repleta de situaciones y escenarios distintos, costas, playas e islas que adornan y perfilan tímidamente la historia, porciones de realidad y fragmentos de objetividad que conforman los diferentes ambientes, de personajes que van y vienen, como olas errantes en una mar ignota, personajes que son simples anécdotas, elementos necesarios para adornar la historia, y repleta también de vivencias y experiencias personales del autor, baños e inmersiones íntimas en las aguas siempre distintas de una mar cualquiera que confieren al texto un carácter de proximidad y complicidad con la realidad del lector. La mar no tiene límites, ni principio ni fin. Es un universo de olas en movimiento, que se rigen por el dictado exclusivo de las mareas y los vientos. Esta historia es también una galaxia de sentimientos, anhelos, frustraciones, pasiones, zozobras e inquietudes a la deriva en el piélago de la melancolía, esa otra mar oscura y profunda de remembranza doliente, de insatisfacción vital, de desarraigo y de angustia espiritual que conduce a Shanti Andía a una infelicidad permanente y a un desasosiego insalvable que sólo puede hallar consuelo en la dimensión de una vivencia del pretérito encarnado en Juan de Aguirre, la misma infelicidad, inadaptación e inconformismo del propio Pío Baroja, que busca una tabla de salvación en el romanticismo, como diría Machado del mismo modo que “una hoja caída en la nieve”; pero que en su realidad personal choca contra todo tipo de prevención o prejuicio, como ola indómita que se enfrenta al frontón de las rocas y se rompe en parto de miles de gotas de espuma, y acaba siendo un perfecto perdedor, no a nivel social o de otra índole, sino de sí mismo. El mar no tiene identidad, patria o idioma. Transciende cualquier concreción toponímica, etnográfica o patrimonial. Es fundamentalmente libertad, como el alma de Juan de Aguirre y el espíritu barojiano, que se manifiestan en la novela en forma de ola, ola vieja y ola naciente, en ola anónima, apátrida y anárquica que discurre por la piel marina en una insólita alteración cronotópica en la sucesión de los acontecimientos, en una distorsión espacio-temporal de la realidad que envuelve al lector en una nebulosa, en la bruma que oculta el hipotético puerto de la decepción.