La conversión

CUADRO PRIMERO

 

ESCENA PRIMERA

 

Interior de una vivienda de la madrileña calle de Mesón de Paredes, en concreto el número 16 frente a la taberna de Antonio Sánchez, el fenómeno. Primera hora de la mañana, hace ya un calor pegajoso, madrileño también y la portezuela del balcón de forja está abierta, a través de ella se escuchan los ruidos de tráfico de furgonetas de reparto y un babel de conversaciones en diferentes idiomas, todos ellos ininteligibles.

En la vivienda de techos altos y desconchados ya huele a cocido de garbanzos. En un rincón de la sala de estar la SEÑÁ CONCHA, dueña de la casa, y la SEÑÁ AMADORA íntima de la susodicha charlan amigablemente sobre lo divino y lo humano. Sobre la mesita camilla de mantel de hule dos carajillos a medio apurar acompañan a un búcaro con claveles de papel veteados de excrementos de mosca. En la alcoba contigua unos ruidos guturales dan fe de la presencia roncadora de NICANOR hijo de la dueña.

EL PIPAS compañero del taller y colega de NICANOR golpea la aldaba con saña y la SEÑA AMADORA acude a abrir.

SEÑA AMADORA.- ¡Qué ya va, so impaciente! ¡Que ya va, menudas prisas y tan de mañana, habrase visto la…!

EL PIPAS.- Buenos días tenga usted Señá y disculpe usté si s´ha molestao.

SEÑA AMADORA.- Concha, mira tú quien ha venio, el amigo de tu chico, el roncador de Sevilla.

SEÑA CONCHA (gritando).- Dile que pase, que ya les toca ir p´al tajo.

SEÑA AMADORA.- Tú, que dice la dueña que p´a dentro

EL PIPAS.- Gracias bella y horonda dama

SEÑA AMADORA.- Anda y que t´ondulen, so hijotumadre.

SEÑA COCHA.- Hijooo, despierta que ya ha venio ese y tenis que ir a la faena que ya t´he preparao el almuerzo. (Nicanor se da la vuelta y hace caso omiso). Deja ya de roncar, zángano que a tu edad yo ya estaba casá y me había instalao, so haragán.

NICANOR (bostezando).- ¿Y qué hay d´almuerzo? Si se pué saber.

SEÑA CONCHA.- Pos lo de siempre, escabeche

NICANOR.- Siendo así, me doy una vuelta más en la piltra.

SEÑA CONCHA.- O te levantas holgazán o t´escoyunto.

NICANOR (socarrón).- Ante tanta amabilidad no puedo sino levantarme, madre.

EL PIPAS (sonriendo y husmeando en las tazas).- ¿Y qué tomaban ustés? ¿Algún digistivo acaso?

SEÑA AMADORA.- Jodienda para los preguntadores, eso mismo gachó.

SEÑA CONCHA.- Lo que te dicia Amadora, que eso de la misa ya no es p´a mi, como que ya he perdío la fe, tú me entiendes. Que mucho que Dios nos quiere y tóo eso pero que yo aquí sigo en esta covacha pasando frio y calor en según sea la estación. Que ni gracia divina ni ná de ná, que ya no creo vamos.

SEÑA AMADORA.- Claro que si, Concha que ties mucha razón que ya está bien de frailes y obispos. A mí a tiempo que no me ven el pelo por la parroquia.

SEÑA CONCHA.- Y mas te voy a dicir, que somos polvo, entiéndeme Amadora, del de la tierra, y ná mas, que lo demás son discursos y palabreríos y que cuando la endiñas tóo s´acabó, solo sirves d´abono, ni paraíso, ni incierno ni pulgatorio, paparruchas de frailes sacacuartos…

SEÑA AMADORA.- Bien parlao, Concha.

NICANOR (estirándose y rascándose por dentro de los calzones).- Pero madre, que tripa se l´ha roto si usté se comía los santos a bocás y se mataba por ayudar en misa al padre Valentín

EL PIPAS.- P´a afanar la limosna del cepillo, que güenos duros se llevaba la Señá Concha

SEÑA CONCHA.- ¡Caya deslenguao que t´atizo una que tee…! Además ya está avisao el Pater que m´esperen sentaos en la iglesia, que se van a cansar.

SEÑA AMADORA.- ¡Así me gusta, una mujer con espolones!

 

ESCENA SEGUNDA

 

En primer término aparece el rellano de la escalera con dos hombres en terno oscuro. Detrás, bajo el dintel de la puerta de la casa, la SEÑA CONCHA habla con ellos mientras se oye trajinar por el fondo a NICANOR.

SEÑA CONCHA.- Así que ustés explican la palabra de Dios según su modo de ver, así mas por lo claro, premitivo ¿no?

PUBLICADOR 1.- Sí señora, somos Cristianos restauracionistas, milenaristas antitrinitaristas y con creencias heterodoxas, aunque todos nos conocen como Testigos de Jehová y pretendemos transmitir nuestras creencias que son la única verdad, adoramos a un único Dios: Jehová (mayor que el Hijo) y un único líder: Jesucristo que es como el Arcángel San Miguel para que me entienda.

SEÑA CONCHA (remirando de arriba abajo a su interlocutor).- Sí, t´entiendo hijo, no te voy a entender con esa carita que me gastas que paeces el mismísimo arcángel que es una gloria bendita verlo.

PUBLICADOR 1 (algo azorado y hablando a la carrera).- Ya señora pero lo importante es que el reino de Dios en manos de Jesucristo santificará el nombre del Dios Jehová completamente y vindicará el derecho de este Dios a gobernar sobre toda la Creación y expiará a quienes se sientan pecadores y que al mismo tiempo se sientan reconciliados con aquel Jehová; y que convertirá el planeta en un paraíso donde vivirán eternamente todas las personas que estén en armonía con las normas de Dios, pero solo unos pocos, unos 144.000 humanos.

SEÑA CONCHA (socarrona).- Pos anda que son pocos, ya solo con los que vivimos en Madriz se llena, pero a mí con que te quées tu conmigo aquí pá salvarme me vale, ¿lo harás carita d´angel, pá tenerme contenta?

PUBLICADOR 2 (apartando a su compañero al que Concha estaba cogiendo por las solapas).- Señora quizá sea mejor que se pase por el Salón del Reino mañana y ya lo hablamos, ¿no le parece?

SEÑA CONCHA (impaciente).- Y que me s´ha perdío en ese sitio, si pue saberse?

PUBLICADOR 2.- Usted, tras estudio y esfuerzo santo, podría llegar ser publicadora femenina como nosotros y consagrar su vida pecadora a Jehová para alcanzar un puesto en el paraíso, o sea aquí.]

SEÑA CONCHA.- Tú crees socio que yo quiero seguir en este barrio de mugre y en esta mísera casa apoquinando la renta a la patrona esa, que así la parta un rayo, y además ¿qué gano yo explicando la palabra esa que dicis?

PUBLICADOR 2.- Bueno señora los publicadores dedicamos todo nuestro tiempo a la predicación y los Comités nos permiten una vida humilde pero honrosa.

SEÑA CONCHA.- Y eso ¿cómo se come? Vamos cá, ¿cuánto es en parné?

PUBLICADOR 2.- Pues unas 20000 pesetas al mes, para su tranquilidad.

SEÑA CONCHA.- No es pá comprarse un guá pero menos da una piedra, amos digo yo. (Interesada y otra vez amable) Y dígame buen mozo ¿Dónde ice que esta el reino ese?

PUBLICADOR 2.- Aquí al lado en la calle Encomienda 3, en un bajo.

SEÑA CONCHA.- Pos muchas gracias, zagal. Igual nos vemos y tóo.

Cierra la puerta y el PUBLICADOR 2 arrastra escaleras abajo a su compañero aun en estado de shock.

ESCENA TERCERA

 

Entra la SEÑA AMADORA portando un cesto con unas acelgas asomando. NICANOR se dispone a salir a trabajar

SEÑA AMADORA.- ¡Ay, Concha como está el mercao, que careria! Así no hay jornal que aguante…

NICANOR (entrometiéndose).- Pero si usté Seña es viuda y no cobra jornal…

SEÑA AMADORA.- ¡Habrase visto semejante desvergonceria! Pos pensión, que p´al caso es la misma cosa ¿no, Concha?

SEÑA CONCHA (amenazando a Nicanor que se aparta).- Pos claro y tu zángano ve p´al tajo que llegas tarde…

Sale NICANOR y da un portazo.

SEÑA CONCHA (trajinando en la alcoba de Nicanor).- ¡Que vas a descuajeringar los gosnes de la puerta, animal de bellota! ¡Dita sea su estampa! Amadora, tenemos un pourpaler a la vista y con jurdós por medio.

SEÑA AMADORA.- Bien güele el potaje ese que dices. Anda y explícate, Concha.

SEÑA CONCHA (jurando para sus adentros e ignorando a su amiga).- Este hijo me va a matar. (Asomándose al balcón, grita) ¿Hijoooo, t´has cambiao de calzoncillos?

En la calle, un grupo de chinos que cargan cajas, dos moros apoyados en la esquina y un par de negros que hablan por teléfono se giran para observar a intervalos iguales a la SEÑA CONCHA y a NICANOR que se ha detenido en su camino al trabajo acompañado por EL PIPAS.

NICANOR (replicando y ruborizado).- ¿Pero madre con esa publicidad que m´hace como quié que m´eche novia? (y sigue su camino negando con la cabeza mientras el PIPAS ríe con gusto)

SEÑA CONCHA (volviendo a la sala).- Pos lo que te contaba, nos vamos a hacer testigas de Jová, ahí es ná y vamos a pledicar por tóo Madriz la riligión verdadera, pero con jornal del bueno, Amadora.

SEÑA AMADORA.- ¿Pero no quedamos que las riligiones toas ful?

SEÑA CONCHA.- Pos ya ves, nos hemos convertío, Dios que se nos ha relevao.

SEÑA AMADORA.- Pos así será Concha, que tu d´eso sabes un rato largo.

SEÑA CONCHA.- Saca del ropero el traje los domingos que mañana nos vamos de celebración.

SEÑA AMADORA (se va cantando).- Niquelao, Concha… Por ser la virgen de la Paloma un mantón de la Chinana, Chinana, Chinana, un mant…

CUADRO SEGUNDO

 

El Salón del Reino de la calle Encomienda 3 es un bajo trasero con salida al patio vecinal con olor a col rancia, un mesa que hace las veces de altar con mantelillo de tul atravesado y unas veinte sillas de formica en filas de a tres. De pie delante del altar un ANCIANO canta una oración desafinando desagradablemente y en las filas de sillas unas siete personas en distribución no uniforme.

La SEÑA CONCHA y la SEÑA AMADORA llegan con la celebración ya comenzada y tiran dos sillas antes de acomodarse en la última fila del local.

ANCIANO (termina sus agudos alaridos y se dirige a los presentes).- Tomen por favor los libros que tiene en el estante de la entrada titulados “Examinando las escrituras diariamente” y ábranlo por la pagina 37. (Lo hacen todos los presentes incluidas las dos mujeres)

UN HOMBRE (lee).- “Cristo dio su vida humana perfecta; un rescate correspondiente (a lo que perdió Adán; aún su amistad con Dios); para que todo el que ejerza fe en él no muera (o siga envejeciendo) sino que tenga vida eternamente, como amigo del Dios Jehová, en un paraíso terrenal.”

ANCIANO.- Esa es la verdad ¿quién desea comentarla o ampliarla?

Se establece un debate entre las siete personas y el anciano sobre asuntos farragosos que las dos mujeres no entienden. Se muestran intranquilas y cambian de postura continuamente en las sillas. La SEÑA CONCHA consulta su reloj y comprueba que ya han pasado más de veinte minutos desde que entraron.

SEÑA CONCHA (levantándose e interrumpiendo a una mujer que estaba en posesión de la palabra describiendo el paraíso).- Oiga usté, ¿cuando se reparte