¿Por qué ignoramos a Juan Larrea?

 

El pasado viernes, 13 de marzo de 2015, se cumplió el 120 aniversario del nacimiento en Bilbao (calle Henao, nº 2) de Juan Larrea. Uno de los más trascendentales intelectuales del siglo XX, al que en buena parte se debe el advenimiento de las vanguardias culturales a la vetusta España de los primeros años del pasado siglo. Y, paradójicamente, en esta Villa tan dada a enorgullecerse del relieve sus paisanos la efeméride pasó totalmente desapercibida.

Juan Larrea fue el ‘gran raro’ de la generación del 27, un autor incatalogable y enigmático con una amplísima obra (en su gran parte todavía inédita), y un poeta que, escribiendo en francés (otra de sus singularidades), influyó de manera más o menos oculta en Rafael Alberti, García Lorca, Gerardo Diego y Vicente Aleixandre, hasta el punto de ser considerado el ‘padre desconocido’ del surrealismo español.

Su originalidad poética sería suficiente para prestarle atención; pero, además, Larrea era otras muchas cosas: archivero, arqueólogo, experto en arte precolombino -consiguió reunir en Perú una magnífica colección de antigüedades incaicas conservada actualmente en el Museo de las Américas de Madrid-, crítico literario y de arte, intermediario para la elaboración del Guernica de Pablo Picasso e intérprete de su significado, ensayista prolífico y profético, fundador de revistas, figura destacada del exilio republicano en diferentes países de América (Estados Unidos, México, Argentina), guionista de Buñuel, hermano espiritual y apoderado de César Vallejo...

Y su intensa vida, cargada de avatares, que siempre enfrentó con el ánimo ignaciano que dicen caracteriza a los vascos, daría para varias novelas y películas del mejor género de aventuras; y, sin embargo, no ha sido hasta este año, en el que también se cumple el 35 aniversario de su muerte en Córdoba (Argentina), que se ha publicado su primera biografía, entusiásticamente narrada por José Fernández de la Sota y editada por El Gallo de Oro.

Cuando menos, un buen primer paso para el reconocimiento de este genial bilbaino incomprensiblemente olvidado e incluso vergonzosamente negado por determinados ediles municipales que se opusieron a poner el nombre de Juan Larrea una triste calle de ésta su Villa natal.

Y esta es la razón de mi pregunta. ¿Por qué en esta Villa, en la que, con sus más y sus menos, conmemoramos el día del nacimiento de Miguel de Unamuno, de Ángela Figuera y de Blas de Otero (y en este caso, hasta el de su muerte), ignoramos a Juan Larrea?

Marino Montero

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