Acta noviembre 2005

OBRA: VOLVERÁS A REGIÓN
AUTOR: Juan Benet

PONENTE: Joseba Molinero

PRESENTACIÓN

1927: Nace en Madrid Juan Benet Goitia, tercer hijo de Tomás Benet y Teresa Goitia Ajuria. Benet dijo sobre su juventud: “Mi hermano [Paco] y yo éramos sobre todo compañeros, él tuvo una influencia decisiva y permanente en mi formación. Yo fui un niño muy mal lector, era sobretodo un niño callejero, completamente distinto de mi hermano, que era un joven lector. Ni siquiera leí libros de aventuras, lo que era obligado para mis contemporáneos, como Salgari o Jules Verne.” 1936: Pronunciamiento del general Franco en Llano Amarillo (Marruecos). Empieza la Guerra Civil. Tomás Benet es fusilado por milicianos anarquistas en Madrid. “Un día lo sacaron de su casa, lo llevaron a una cuneta y lo fusilaron. Mi madre lo ocultó ...” 1937: La familia Benet se traslada a San Sebastián. Juan Benet empieza los estudios de bachillerato en los marianistas de Aldapeta; conoce a Alberto Machimbarrena y Javier Pradera. 1939: Franco ocupó Madrid. Tras la guerra la familia Benet vuelve a Madrid. Juan ingresa en el colegio de Nuestra Señora del Pilar. 1939-1944: Descubre su interés por las tácticas militares. Sigue junto a sus compañeros del colegio los movimientos de la segunda guerra mundial y se pelea, como aliadófilo, con los partidarios del Eje, “entre los que destacaba Luis Emilio Calvo Sotelo, hijo del protomártir, y compañero de clase”. 1942: Primera lectura de Edgar Allan Poe en una traducción del francés. Empieza a leer Stendhal, Stevenson y Baroja. 1944: Termina el bachillerato y prepara su ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos. Conoce algunos profesores: Armero, Gallego Díaz y Antonio Flores, “monstruos republicanos” y futuros amigos suyos 1945: Primera lectura de Kafka, Thomas Mann y Nietzsche. En una librería de la calle San Bernardo, un libro cae de su estante a los pies de Benet, en la página abierta puede leerse: “VARDAMAN. Mi madre es un pez”. “Acababa de descubrir a Faulkner”. 1946: Paco Benet, hermano mayor de Juan, “aburrido de este país”, se va a estudiar a La Sorbona “unos pocos meses antes de que Bidault... cerrara la frontera, para de acuerdo con la resolución de la ONU condenando el régimen español, dejarnos a todos en el más escuálido y desamparado aislamiento.” Gracias a los contactos de Teresa Goitia con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que permitían enviar y recibir la correspondencia por vía diplomática, Benet consigue libros del extranjero: Sartre, Malraux, Camus ... . Conoce a Pío Baroja en su casa de la calle Alarcón (Madrid). Hasta la muerte de Baroja, en 1956, acude con mucha frecuencia a las tertulias de ese “continente tranquilo y dúctil”. 1948: Entra en la Escuela de Caminos. Alberto Machimbarrena le introduce en la tertulia del bar Gaviria. Allí conocerá al médico y escritor Luís Martín-Santos, futuro amigo suyo. Se hace amigo de Alfonso Buñuel y de Pepín Bello. Primera lectura de Marcel Proust. 1949: En el Café Gambrinus y en el Gijón Benet entra en “contacto furitivo” con “otros individuos que no hablaban exclusivamente de literatura”: Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Ruibal, Lara. Viaja a París. Desembarca en la Gare d”Austerlitz al grito de “¡Faulkner! ¡Faulkner!”. 1950: Conoce al pintor anarquista Caneja que acaba de salir de la cárcel. Primera lectura de un libro en inglés: Reflections in a golden eye, de Carson McCullers. 1951: Benet comienza a escribir El guarda, una novela que servirá como base para la posterior Volverás a Región. El manuscrito - enviado a distintas editoriales extranjeras - no se publica nunca. 1952: Hace el servicio militar en la Infantería de Toledo. Un sargento le “explica” lo que es la patria: “La patria es nuestra Madre”. Años más tarde Benet recordará una definición propia de su amigo Juan Manuel Caneja que resumía “nuestras amargas consideraciones”: “Patria es todo lo que no se puede defender con las armas”. 1953: Benet se traslada a Finlandia para trabajar como practicante en la empresa Helsingin Kaupungin Sähkähläitos, que estaba levantando la Central Térmica de la Bahía de Helsinki. Se publica Max (Revista Española), pieza de teatro trágico-cómica sobre un artista en el circo que, cayendo de la cuerda, no muere y se convierte en una atracción pública. 1954: Termina su carrera de Ingeniero de Caminos. Conoce a Vicente Girbau y a su futuro crítico Alberto Oliart. Estancia de prácticas en Ljunby (Suecia). 1955: Contrae matrimonio con su prima Nuria Jordana. Tiene su primer trabajo en Ocisa, entonces un consulting que trabajaba en la asistencia técnica para la construcción de las bases militares norteamericanas. Conoce a Pablo García Arenal y es detenido por un panfleto político junto con Vicente Girbau, Alberto Machimbarrena, Luis Martín-Santos y Luis Peña Ganchegui. Pasa tres días en la cárcel de Carabanchel (Madrid). Lee Os sertões del brasileño Euclides da Cunha. El libro le “abrió los ojos a una América que yo creía conocer (por otros libros), pero que no conocía.” Durante los próximos meses y años descubre “que en menos de diez años han surgido de la América española los ejemplares más notables de la literatura castellana ...: Carpentier en Cuba; Rulfo en Méjico; Vargas en Perú y, por último, este asombroso García Márquez en Colombia.” 1956: Benet ingresa en la MZOV (Compañía de Ferrocarriles de Medina de Campo a Zamora y de Oviedo a Vigo), y es enviado a Ponferrada para trabajar en los canales de Queroño y Cornatel. Inicia y termina sus estudios de violín. Nace su hijo Ramón. 1958: Dirige la construcción de la presa de Eirós (58-60) y escribe su segunda pieza de teatro: Anastas o el origen de la constitución. 1959: Se traslada a Oviedo para dirigir la construcción del túnel ferroviario entre Lugo de Llanera y Villabona y del ensanche de la carretera de Pajares. El exceso de trabajo le impide escribir. 1960: Conoce al director general de Cubiertas y MZOV, Enrique Pérez Galdós, descendiente del novelista decimonónico. Pérez Galdós cuenta la anécdota de que, un buen día, Benet arrojó un ejemplar de Miau por la ventanilla de su coche diciendo que cambiaba toda la obra de Galdós por una sola página de Stevenson. (Pero Francisco García Pérez, que leyó en 1994 su tesis doctoral sobre Benet en la Universidad de Oviedo, nos advierte a través del “foro” de estas páginas: “Esa anécdota tuvo lugar en mi coche, en la gasolinera de La Tenderina, en Oviedo, mientras transportaba al amigo Benet al aeropuerto de Asturias. El hecho de que “Miau” se encontrase, por desgracia, en mi coche fue debido a que se decidió como lectura obligatoria para mis alumnos aquel año. Tantas veces me vi obligado a repetir la anécdota que ahora es atribuida incluso a otra persona. Rigor, más rigor, que diría Benet.”). Benet empieza a escribir los relatos para el libro Nunca llegarás a nada. 1961: Se traslada a la Venta de Remellán (Boñar/Valdecastillo-León) y más tarde a una casa en la vega del río Porma para dirigir la construcción de la presa del Pantano del mismo nombre (61-65). Nacen su hijo Nicolás. Publica por cuenta propia el volumen de relatos Nunca llegarás a nada. Los viajeros extraviados, la ruina, la incertidumbre hacen su aparición en el “locus” benetiano, Región, anunciando ya los elementos de su novelística posterior: la ambigüedad, el afán de un estilo propio, lo absurdo, lo lírico, lo laberíntico y lo trágico. El libro pasa inadvertido por la crítica nacional a excepción de ángel González. “Para llenar las largas noches invernales” en León, empieza a escribir la novela Volverás a Región 1962: Nace su hija Juana. 1963: Nace su hijo Eugenio. Benet escribe sus primeros artículos y reseñas para la “segunda navegación” de la Revista de Occidente dirigida por el hijo de Ortega y Gasset, José Ortega. Muere William Faulkner. 1965: Benet comienza a militar “en las filas del partido que fundara Dionisio Ridruejo y que en un momento bonancible pero intenso de su existencia se llamó Acción Democrática, AD.” A instancias de Ridruejo escribe artículos para una revista que publicaba, en París, Julián Gorkin. Benet pasa el manuscrito de La vuelta a Región a su nuevo amigo y a José Suárez Carreño, “quienes sorprendidos por algunas de sus páginas insistentemente [le] animaron a corregirlo y aligerarlo.” Termina la transcripción de la novela - que a partir de ahora se llamará Volverás a Región. Trabaja en las piezas de teatro Un caso de conciencia y Agonía confutans. 1966: Muerte de Paco Benet, el hermano mayor de Juan. Benet vuelve a Madrid y se instala en la casa de Zarzalejo (San Lorenzo del Escorial - Provincia de Madrid). La Revista de Occidente publica La inspiración y el estilo, la “grande estética” de Juan Benet en la que revela su idea de “grand style” alrededor de las nociones “inspiración” y “estilo”, afirmando que el campo de la literatura es lo intachable por las ciencias. Se nota que las actitudes benetianas son estrictamente opuestas a los “conceptos de compromiso” hasta ahora compartidos por los representantes de la llamada “novela social” española. Dirige las obras de la presa de Vellón (66-68). 1967: Conoce a Jaime Salinas, quien le pide su primera y penúltima traducción: A este lado del paraíso, de Scott Fitzgerald. “Gracias a la insistencia y capacidad de persuasión de Dionisio Ridruejo” Ediciones Destino publica su primera obra mayor: Volverás a Región. La novela presenta por primera vez una visión completa del paisaje aterrorizante de Región y gira alrededor de dos personajes monologantes que intentan recuperar su pasado. 1969: “Un día de otoño de 1969 se presentaron en mi casa, sin previo aviso, Vicente Molina Foix y Pere Gimferrer; habían leído mi novela, publicada unos meses antes, y deseaban comprobar que yo contaba con una existencia de carne y hueso” Estos jovenes, la “secta”, incluso Félix de Azúa, animan a Benet a presentarse al Premio Biblioteca Breve (Editorial Seix Barral) con su segunda novela Una meditación. Entrega el manuscrito en forma de rollo de 80 metros de papel continuo, parecido a la tora judía, sujetado por un aparato de lectura diseñado por él mismo (el famoso “Andarivel porta-rollos para narrativa continua”) y construído por el carpintero de la editorial. Gana el premio . Conoce al poeta-editor Carlos Barral, a su posterior editora Rosa Regás (Editorial la Gaya Ciencia), al escritor Juan García Hortelano, cuya amistad le acompañará siempre, y al joven Javier Marías. Hace un primer viaje a los EE.UU. Presa del Atazar (69-72). 1970: En la vida de Benet aparecen dos nuevos personajes, muy amigos, Antonio Martínez Sarrión y Eduardo Chamorro. La revista Cuadernos para el Diálogo inicia un ciclo de encuentros de escritores. En las discusiones sobre el “realismo” Benet se enfrenta con Isaac Montero en una feroz polémica. Se publica Una meditación. Esta novela “más épica” “vuelve” a la Región de la posguerra, habitada por una generación que se arruina entre sus obsesiones sexuales, irreconciliables con la razón gobernente, y la sociedad que la rodea. Aparece además la colección de ensayos Puerta de tierra. Dirige las obras del Trasvase Tajo-Segura (70-75), y proyecta la presa de Calanda. D. Juan Carlos de Borbón es proclamado Príncipe de España. 1971: Se publica su Teatro completo, tres piezas de “teatro absurdo”. En la Editorial Lumen aparece una preciosa edición del fantasmagórico relato Una tumba acompañada por fotografías de Colita. 1972: Benet se traslada a una casa de estilo Bauhaus en la calle Pisuerga (Madrid). La editorial La Gaya Ciencia publica la novela más “mítica” de Benet, Un viaje de invierno, en torno a la señora-diosa Demetria y su criado Arturo Bremond, una vez más personajes regionatos. Benet completa su colección de cuentos con 5 narraciones y 2 fábulas. La revista literaria El urogallo imprime dos de los escasos poemas de Benet: En cauria y Un enigma. 1973: Publica la novela La otra casa de Mazón, en torno a otro clan regionato, los Mazón, que reaparecerá en Herrumbrozas lanzas II-III. Aparece la última coleción de cuentos: Sub rosa. Presa de Bujeda (73-75). 1974: Muerte de la esposa de Benet. 1975: Muerte de Dionisio Ridruejo. Benet participa en el homenaje con un artículo en el libro Dionisio Ridruejo, de la Falange a la Oposición. Muerte de Franco. Proyecto de las presas de Urquiza y Rialp. 1976: Benet inicia las obras del salto de Los Moralets. Primer viaje a China, invitado por el Gobierno de Mao junto a otros nueve colegas ingenieros. Se funda el díario El País. En los años siguientes el periódico se convierte ena plataforma para inumerables artículos y ensayos de pluma benetiana. La revista Cuadernos de Norte -Revista Hispánica de Amsterdam dedica un número especial a Roa Bastos y Benet. Se publican tres libros de ensayos: ¿Qué fue la guerra civil?, En ciernes y El ángel del Señor abandona a Tobías. 1977: En junio el país celebra las primeras elecciones libres desde 1936. La editorial Alfaguara publica En el estado, primera novela de Benet que no “vuelve” a Región y que “se ofrece al lector como una pieza sin argumento, sin acción y sin personajes. puro texto, espacio de sí mismo en que el tiempo (cronológico o psicológico) no existe” (Ricardo Gullón). La editorial Alianza “sistematiza” la publicación de los cuentos benetianos con la colección de Cuentos completos I y II. 1978: Un juez hace valer el contrato de 1967 entre Benet y la editorial Destino respecto a Volverás a Región según el cual el autor cedía todos derechos patrimoniales de carácter transmisible. Benet escribe Un proyecto para una Constitución en pleno debate sobre la constitución española. Artículo único: “A todo ciudadano español se le reconoce el derecho a fracasar.” Inicia un ciclo de conferencias en los EE.UU., acompañado de Juan García Hortelano. En La Gaya Ciencia aparece Del pozo y del Numa, un ensayo de estética literaria y un cuento-leyenda sobre el guarda mítico que vigila la zona inpenetrable de Región: Mantua. 1979: Un grupo teatral de La Coruña estrena su obra Anastas, en el Teatro de Bellas Artes de Madrid. Comienza la dirección de las obras de la presa de Llauset (79-83), en el Pirineo, en los límites fronterizos entre Huesca y Lérida, entonces una de las más altas de Europa en su clase. 1980: Sigue dando conferencias en los EE.UU. y hace tournées por España “con gran éxito de público y muy escaso de la crítica” (Ricardo Gullón). Gaya Ciencia publica la quizá más ambiciosa novela de Benet, Saúl ante Samuel. En esta historia de “warring brothers” (David Herzberger) Benet perfecciona todos sus recursos de novelista ya comprobados en obras anteriores creando una novela hermética, lírica y poco o nada dependiente de la acción narrativa. Como consecuencia de este esfuerzo escribe en treinta folios la historia de un crimen, para “demostrar a mis amigos que podía escribir algo con mucha acción” y como “un ensayo de adaptación de mi estilo a un canon narrativo del que deliberadamente me había apartado en mis anteriores novelas”. Eduardo Chamorro y Rafael Borrás le animan a presentar al Premio Planeta una novela basada en el manuscrito. Así nacerá El aire de un crimen, que resultó además finalista del premio. Mas tarde comienza a redactar En la penumbra. Martínez Torrón edita una edición crítica de Un viaje de invierno. 1981: Frustrado golpe de estado del teniente coronel Tejero. La Universidad de Columbia (Nueva York) invita a Benet dar un curso en dicha institución. Durante su estancia en EE.UU. sigue elaborando En la penumbra. Inspirado por la lectura de “cierta obra” sobre la guerra civil americana se gesta la idea de Herrumbrozas lanzas. La Galería Italia 2 de Alicante expone sus óleos y collages. Benet escribe un artículo contra Dostoievski acusando su “estilo exento de toda finura”. Reúne las dos fábulas ya publicadas con otras doce en el libro Trece fábulas y media. 1982: Regresa a Madrid, donde comienza a redactar Herrumbrozas lanzas. Benet conoce a la poeta Blanca Andreu. Se publica un fragmento de la novela posterior En la penumbra y la compilación de ensayos Sobre la incertidumbre. Primera traducción de un libro benetiano a una lengua extranjera: Una meditación - A meditation (Trad.: Gregory Rabassa / Persea Books). 1983: Antonio Huerga, editor entonces de Ediciones Libertarias, publica los Artículos. Volumen 1 (1962-1977) de Benet. Alfaguara publica el primer tomo de Herrumbrozas lanzas, una novela que abarca de manera mucho más detallada que en novelas anteriores la guerra civil en Región. 1985: Matrimonio con Blanca Andreu. Benet es nombrado vocal del Comité Español de Grandes Presas y colegiado de honor. Debate entre Benet y Günther Grass sobre la cuestión del compromiso en la literatura y el papel del escritor en la sociedad. Aparece el segundo tomo de Herrumbrozas lanzas, centrado en la historia familiar de los Mazón. 1986: Benet apoya al gobierno de Felipe González en el referéndum sobre la entrada en la OTAN y sigue trabajando en En la penumbra. Se publica el tercer tomo de Herrumbrozas lanzas - historia de la ofensiva republicana a “Macerta”, ciudad vecina y rival de Región. Primera traducción de un libro de Benet a la lengua francesa: Nunca llegarás a nada - Un bon à rien (Trad.: Monique de Lope / Iberia, Líneas Aéreas de España). Comienza la dirección de las obras de la presa de Santa-Eugenia (86-88), en Galicia. 1987: Muere su amigo de decenios, Alberto Machimbarrena. Aparece la colección Otoño en Madrid hacia 1950 conteniendo rememoraciones de Pío Baroja, Juan Manuel Caneja y Luis Martín-Santos. Recibe la medalla de honor del Colegio de Ingenieros de Caminos. 1988: Muere el pintor Juan Manuel Díaz-Caneja (* 1905). El director Antonio Isasi-Isasmendi lleva al cine El aire de un crimen. Benet se muestra bastante crítico hacia la empresa. Escribe Londres victoriano por encargo de la editorial Planeta. 1989: Benet organiza su propia empresa de ingeniería, de la que fue socio fundador. director y administrador único: la Compañía Hidrocinética Regional, S.A. Publica una obra maestra tardía, En la penumbra. Esa última novela Regionata - aunque sea tan enigmática como otras - es la novela más ágil de Benet, penetrada palabra por palabra por un inconfundible y sabio sentido de humor. Benet redacta el cuarto tomo de Herrumbrozas lanzas un proyecto que nunca terminará. Primera traducción de un texto benetiano a la lengua alemana: Una tumba / Numa - Ein Grabmal / Numa (Trad.: Gerhard Poppenberg / Suhrkamp Verlag). Se publica Londres victoriano. La revista literaria El Urogallo edita un número especial dedicado a Juan Benet. 1990: Se publica La construcción de la torre de Babel, una colección de ensayos sobre temas diversos. 1991: El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Catalunya otorga a Benet su más alta recompensa: la medalla Idelfons Cerdà, “tanto por la categoría de Benet en el ejercicio de su profesión como, y muy especialmente, por su significación en el ámbito de la cultura literaria en la España contemporánea” (Xavier Borrás - Decano del Colegio). Se publica El caballero de Sajonia, una “meditación novelesca” sobre cuatro episodios de la vida del reformador Martín Lutero. 1992: Fallece su amigo el escritor Juan García Hortelano. Benet sufre una enfermedad pulmonar. 1993: El 5 de enero Benet muere en Madrid. 1996: Aparece una colección de artículos de prensa de Juan Benet: Páginas impares. 1997: Se publica Cartografía personal, una colección de fragmentos del “Mapa de Región”, entrevistas y otros textos de Benet. La editorial Alfaguara anuncia su intención de publicar la obra completa del escritor. [Esta biografía fue redactada por Gunnar Nilsson a solicitud del Aula Benet, y ha sido obtenida a base de artículos de Benet y de otros, notas biográficas citadas en la bibliografía e informaciones fidedignas obtenidas de personas relacionadas con el autor. © Gunnar Nilsson 1998] Juan Benet fue quizás el único escritor de su tiempo que asumió absolutamente la investigación de una presencia abrumadora, la de esa verdadera historia de la conciencia obscura del hombre que aspira a ser toda buena literatura. Escogió bien sus clásicos y abordó la tarea desde la asunción inmediata de la responsabilidad que ésta lleva implícita: la construcción de un nuevo gran estilo narrativo. Se puede decir también que Benet abrió la novela española a la modernidad. Articuló su obra (un Corpus en el sentido esencial de la palabra) alrededor de un puñado de objetos emblemáticos y obsesivos: la Guerra Civil, la reflexión sobre el Estado, el propio oficio, la fabulación de los grandes aprioris irracionales de nuestro comportamiento- la incertidumbre, la fatalidad, el miedo- y la descripción precisa de Región, una comarca mitológica que se puede situar entre las provincias de León, Asturias y Zamora. Benet no es un escritor profesional, es ingeniero de caminos y vive de la construcción de presas. Esta circunstancia le hace ver la literatura sin prejuicios y sentirla, y a partir de ahí herir sensibilidades. Es un defensor de la literatura en esencia. Considera que la literatura (como todo el arte) está por encima del compromiso, la información, la denuncia. “Yo quiero ser único” dijo y escandalizó al mundo literario contemporáneo. Benet consideraba que todo artista y por tanto todo escritor debe aspirar a ser singular. “En literatura es esencial una precisión impecable. No se pueden admitir improvisaciones o imágenes ideales”. Y así lo llevaba a efecto.

VALORACIÓN

Volverás a Región es la oscura historia del doctor Daniel Sebastián y de un niño enloquecido. Tras recordar la toma de Región durante la Guerra, el doctor recibe a una mujer, amante de su ahijado e hija del coronel Gamallo, que conquistó Región. La mujer -María Timoner o Gubernaël- fue prostituida: un militar la perdió en el juego, donde cierta anciana introdujo una moneda de oro, y el médico la olvidó con otra esposa. Cuando ella vuelve a Región, Sebastián muere asesinado por el niño. Numa, guardia de Mantua, anula con un disparo cualquier alteración del orden.

El centro de esta novela es REGIÓN un espacio mítico, legendario, demoniaco.
Las montañas, los elementos vegetales, el clima adquieren fundamentos humanos -deseo, rabia, ira- como en un conjuro infernal. El paradigma de esta afirmación se sitúa en Mantua (que nos retrotrae a Dante, que tiene mucho que ver con el infierno) “Mantua solo otorga su hospitalidad a los ángeles caídos”. Los habitantes de Región conocedores de este carácter infernal evitan ir a Mantua. Numa es el vigilante de Mantua (y por extensión de Región), es un demonio con forma humana, el verdugo y el representante de la comarca. Con su victoria -eliminando a aquel que quiera enfrentarse a la ley infernal- da fortaleza al resto de los habitantes de Región, que se reconfortan al oír su voz en forma de disparo. Región es feraz hasta el aislamiento, y estéril como un desierto demoníaco. Tanto es así que aparecen fuerzas inhumanas que no se ven, sólo se oyen y se sienten: “ Un poco antes de la medianoche una luz inesperada, acompañada del canto de una carraca, le deslumbra y despierta. . . . Antes de que un círculo de luz fosforescente, en cuyo centro parpadea una luz roja envuelta en capitosos vapores, se desvanezca en la noche entre furiosos aleteos y graznidos, un terrible e instantáneo aguijón se hunde en su espalda a la altura de sus riñones para derrumbarle de nuevo al suelo entre gritos de dolor y lágrimas de miedo”. En la misma línea, la barquera nos recuerda a Caronte, el barquero del Hades que transporta a las almas sobre el río Aqueronte, un río fangoso similar al río Tarrentino que atraviesa nuestra barquera, ayudada por un alambre. Hasta el momento histórico en el que se sitúa región hace referencia a su entorno demoníaco. Basta recordar aquello de la “Cruzada Falangista contra los oponentes diabólicos”. En la novela, por tanto, no hay esperanza, Dios no existe, no hay trascendencia.

Benet en esta novela y a lo largo de su obra crea un estilo, una torsión del lenguaje, de sus periodos sintácticos.

En Volverás a Región Benet no transporta información pero sí significado, a través del lenguaje y de la hipercontextualidad hacia la conciencia del lector. La palabra sufre una transformación semántica mas allá del simple significado, porque proviene de una estrategia general del texto, del Corpus, del estilo. Benet fundamenta su estilo en la metáfora, como nueva forma de conocimiento - el conocimiento científico decepciona, nunca será completo, ni siquiera satisfactorio. En esta novela el lenguaje es el principal protagonista. Benet lo retuerce a su antojo, rompiendo la línea de significado de una oración y retomándola 20 o 30 páginas después, y quebrando la sucesión temporal. La resolución de los hechos se realiza entre paréntesis o guiones o una nota a pie de página, y no en la oración principal, no existe oración principal. Todo es una metáfora distorsionada. En este sentido, alguien definió las líneas de esta novela como las capas de una cebolla que el lector va levantando para no llegar a ningún cogollo, y comprobar que todas las capas son una misma. En cuanto al tiempo, éste se congela, desaparece como ente en la novela: “El presente es todo lo que no fue”. Así Benet afirma que la literatura es un reino donde toda suerte de certeza es quimérica, cuestionable, etérea. En definitiva, el estilo lo cubre todo: los hechos, los personajes, los usos, y establece conexiones entre todo, como en las capas de una cebolla.

En fin, cuando el lector se introduce en Volverás a Región, una novela áspera, seca, difícil, densa, casi forajida y consigue alcanzar Mantua, la recompensa es un manantial de agua fresca, diferente que siempre brota de sitios duros, densos, ásperos, graníticos. Entonces, se da cuenta de que tiene en las manos algo importante, extraordinario, una obra literaria en el extricto sentido del término, planificada y pensada minuciosamente, que traza un estilo literario fascinante y envolvente. La emoción lo embarga y lo fecunda. Así ocurre cuando Juan Benet describe las características topográficas de Región, o su vegetación, o el ataque fascista a Región, o la boda por incomparecencia, o la leyenda de la moneda de oro, o la pulsión sexual de María, o el papel del tiempo en la vida de las gentes. y en ese preciso momento se siente capaz de amar ese espacio mitológico llamado Región, es capaz de amar el Infierno.

Bibliografía:
Demonic Imagery in the Fiction of Juan Benet. John B. Margenot III
El sistema metafórico en Juan Benet. Miguel Ángel Serrano
Benet Mitólogo. Conrado Santamaría Bastida
José Mª Guelbenzu habla de Juan Benet. Ismael Attrache, Pilar Bustamante y Amparo Torres
Benet y la “Polémica del realismo”. Juan Benet, Isaac Montero y otros.
Otoño en Madrid hacia 1950. Juan Benet.

INTERVENCIONES

Carlos Fernández:

En la contraportada del libro [Benet, Juan. Volverás a Región. Ediciones Destino, S.A. Áncora y Defín. Barcelona 2004] podemos leer lo siguiente: Volverás a Región, junto con El Jarama y Tiempo de Silencio, es una de las novelas más importantes de la narrativa española posterior a la Guerra Civil”. Además, los principales comentaristas de la obra aseguran que ésta contribuyó decisivamente a terminar con la corriente literaria conocida como el Realismo Social. Sin duda, esa aportación a la ruptura con la tendencia estilística vigente en esa época supone un hito en la Historia de la Literatura Española, y sólo por ello merece una gran consideración. No obstante, esta original producción literaria, caracterizada por un novedoso estilo narrativo que se sustenta en un magistral uso y dominio del lenguaje, genera textos tan extremadamente artificiosos que a la postre resultan absolutamente ininteligibles, y que provocan una gran desazón al lector, quien puede acabar convencido de que la literatura es una disciplina artística únicamente al alcance de unas minorías ilustradas. Y en verdad es ésta la sensación que produce la penosa lectura de Volverás a Región, cuyo argumento parece una mera excusa del autor para desplegar su capacidad en un mero ejercicio estilístico carente de otra intención, obra que se presenta plena de opacidad, recursos permanentes para dificultar su comprensión, diálogos pretenciosos y párrafos interminables construidos a base de frases intercaladas en otras frases, intercaladas a su vez en una tercera, y en la que abundan muestras de brillantez narrativa (“Antes de que el otro tomara el sobre ya se había concedido la prórroga, la mano quedó tendida sobre el tapete y unida a él por una navaja clavada entre sus huesos y que, salpicada de sangre, vibraba aún con el diapasón decreciente de su vengativa justicia…”, pág. 182), junto a páginas que dudosamente pueden ser calificadas siquiera de literatura: (“El encuentro de la cordillera cantábrica con el macizo galaico-portugués se produce a la manera de un estrellamiento que da lugar a la formación de esos arcos materializados en terrenos primarios que, al contacto con el sólido hipogénico, discurren en dirección NNE-SSW..., pág. 29) y que más bien parecen la trascripción literal de algún tratado de geología que el autor debió aprender en sus tiempos de estudiante de ingeniería.

Miguel San José:

Volverás a Región es un libro en el que cualquier lector puede encontrar, más allá de su composición formal, muchos asuntos e historias de interés. Leerlo es como abrir la puerta de una buhardilla, franquearla, introducirse en ella, escudriñar en las sombras, sentir el latido mortecino de los objetos que allí languidecen en el olvido, empaparse de nostalgia y revivir los momentos, las ilusiones, los fracasos, las alegrías y los sueños del pasado. Cada lector puede además elegir a conveniencia, según sus gustos y apetencias, como quien, una vez dentro de la buhardilla de la vivienda familiar, se encuentra ante los restos de la vida de la familia de los treinta años anteriores (la Mariquita Pérez de la hermana, maletas con ropa vieja, los libros de bachillerato del hermano, alguna colección de cromos, antiguos programas de cine, etc…) y siente especial predilección por unos u otros objetos, por unos u otros recuerdos y momentos de un tiempo ya vivido. De igual manera presenta “Volverás a Región” la vida de los dos personajes centrales (el doctor Sebastián y María), en la penumbra de una sintaxis difícil y compleja y de una trama intrincada, a retazos, de modo desordenado, una vida que transcurre entre la Preguerra Civil española y la Posguerra que está jalonada de experiencias y acontecimientos llamativos y sorprendentes. Y de la misma forma también, el lector tiene ocasión de elegir entre aquellos que le resulten más atractivos o sugerentes, como podrían ser el relato de la campaña militar en Región (una fabulosa narración de la tragedia que supuso la Guerra Civil española, tanto a nivel individual y personal como a nivel colectivo y nacional, en la que aparecen representados todos los grupos de combatientes y cuerpos militares, los milicianos republicanos, los brigadistas alemanes, los moros, las brigadas carlistas, los nacionales, los francotiradores, los oficiales de carrera, etc…, y en la que se explica cómo y por qué vencieron los nacionales), la impactante descripción de Región, la historia de la barquera y los mineros, la historia de la moneda de oro, la historia de los caballeros que han perdido la batalla de Guadalete y se retiran a Región a ser fantasmas, lugar donde comparten una vida de espectros con algunas brigadillas carlistas y milicianos republicanos, etc…

Nicolás Zimarro:

Es innegable que la lectura de esta novela presenta no pocas dificultades. Pero también es cierto que resulta muy grata y apasionante, eso sí, siempre y cuando el lector sea capaz de afrontarla sin prejuicios, con predisposición sincera y con talante adecuado. Respecto del prejuicio y la predisposición, el autor bien poco puede hacer para convencer y animar al lector a que emprenda una aventura literaria sin precedentes, porque no depende de él ningún posicionamiento apriorístico a propósito de su obra por parte de un hipotético lector, sobre todo si se considera que Benet ya explicó en diferentes artículos y ensayos sus presupuestos estéticos y estilísticos y su concepción de la actividad creativa literaria. Y en lo que se refiere al talante con el que el lector ha de encarar la lectura del libro, Benet nos lo aclara en la novela, cuando alude a la actitud con la que el visitante de un museo o una iglesia ha de contemplar un cuadro, por ejemplo, una representación mitológica en la que la figura principal aparece guarnecida por innumerables elementos ornamentales de índole estilística y de motivos decorativos de orden estético. Así, un bien intencionado y bien dispuesto observador cuenta con varias posibilidades de contemplación del cuadro: una, centrar la mirada en la exterioridad de la figura principal, en los elementos ornamentales y motivos decorativos, obviando ésta y, en consecuencia, no comprendiendo el sentido del lienzo; dos, fijar la vista en la figura principal, obviando lo que hemos denominado exterioridad y, por ende, no entendiendo la intencionalidad estética del pintor; y tres, posar la mirada en la composición pictórica en su totalidad, en un rapto de plenitud liberadora. Algo parecido ocurre con el lector que emprende la lectura de esta novela. Efectivamente, si establecemos un paralelismo entre el talante contemplativo del observador del cuadro y el talante de lectura del lector de la novela, tenemos que la primera actitud del observador corresponde al lector que queda perplejo, se obnubila, aterra, ahoga, o se pierde en los vericuetos formales del texto, atragantado por su arquitectura estilística, y llega a la conclusión errónea de que la obra no es otra cosa que un ejercicio de erudición lingüística o una suerte de floritura literaria que se concreta en un laberíntico y alambicado discurso, estructurado en una interminable concatenación de párrafos repletos de un gran número de oraciones interrelacionadas por todo tipo de recursos sintácticos, que a la postre constituyen una maraña de palabras, frases, entrecomillados, entre paréntesis, entreguionados y excursos carentes de sentido alguno. Por el contrario, la segunda actitud es la de quien busca en la lectura del libro los temas y contenidos al uso literario de la primera cincuentena del siglo pasado, como podrían ser los propios del Realismo Social, el Naturalismo, Costumbrismo, Novela Histórica o los Vanguardismos, presuponiendo que toda novela necesariamente ha de desarrollar estos temas y contenidos, y no encuentra en él más que algunas páginas de crónica de guerra cuyo mérito literario no transciende la literalidad de una referencia histórica, o también un conjunto de disertaciones acerca de la esencia del ser humano, la naturaleza del tiempo, la estructura del estado, etc… más propias de un epígrafe de un ensayo que de una propuesta literaria. Ambas actitudes adolecen de inconsistencia y, lo que es peor, demuestran una frivolidad o una alarmante falta de rigor crítico a la hora de enjuiciar la obra de Benet. Finalmente, la tercera actitud es la del lector que afronta la obra de Benet con el espíritu de quien se sabe copartícipe de una aventura novedosa en su tiempo, irrepetible e inigualable, y con el ánimo de delectación de una obra artística auténtica, genuina y radicalmente vital. Este lector intrépido se constituirá en el protagonista de una apasionante aventura literaria, no exenta de contratiempos sintácticos, vicisitudes discursivas, excursos explicativos, inclemencias descriptivas, imprevistos narrativos, sortilegios argumentales, digresiones temporales y misterios fabulosos; pero al mismo tiempo, repleta de testimonios estremecedores (expuestos en el mejor estilo Faulkneriano de la literatura del contrapunto, esto es, de la narrativa que presenta los hechos analizándolos desde diferentes perspectivas o puntos de vista, tal y como ocurre con el relato de los hechos ocurridos en las acciones bélicas correspondientes a la conquista de Región producida en la Guerra Civil española, que son reconstruidos a partir de las vivencias y experiencias personales del doctor Sebastián y María), momentos apoteósicos (p.e., la muerte del doctor Sebastián, las partidas de póker, la manifestación antifascista dirigida por el maestro de la escuela del pueblo, etc…), descripciones brillantes (la de la propia Región, p.e.), historias espeluznantes (los asesinatos de Numa, las desgracias que vive María en la habitación del hotel en la que ejerce la prostitución de forma obligada, etc…) y, en general, de excelentes manifestaciones literarias de toda índole. Y no sólo esto. Este lector hallará también un interesante contenido, desplegado en una trama bien elaborada que desarrolla un argumento verdaderamente original. Y es que esta obra es mucho más que un mero entretenimiento estético o un simple ejercicio de estilismo, o sea, una práctica de literatura huera de contenido. Muy al contrario, Volverás a Región es una novela que dice mucho: habla de sentimientos, pasiones humanas, ideologías, acontecimientos históricos, lugares y personas. Como asegura Javier Marías [Artículo titulado “Una invitación”, está tomado de la web de Javier Marías: www.javiermarias.es. La referencia a pie de artículo es: Javier Marías (Epílogo a Juan Benet, En el estado, Alfaguara, Madrid, 1993. Recogido en Javier Marías, Literatura y fantasma, Alfaguara, Madrid, 2001)] en ella hallaremos “…las descripciones exactas como un mapa o un cuadro; el largo aliento, el párrafo noble, el vigor de la prosa que obliga a leer conteniendo la respiración, y no precisamente porque el lector ansíe saber qué va a pasar o está ya pasando (lo que ansía es ver el paso); el pulso de la decadencia, del que no se le hablará, sino que uno sentirá palpitando; la representación de la espera, que es aquello en que consiste la vida de todos los hombres, su esencia; los despojos que el amor va dejando a su paso tras llegar siempre tarde a la cita con las personas; la intrusión del pasado y del rito y del resentimiento, es decir, de todo lo que nunca deja de ser o nunca pasa del todo, acechando el presente y mandando sobre el futuro; «la malevolencia de un tiempo como el viento», según ha dicho hace poco Sánchez Ferlosio, el sonido de ese viento sobre los tejados y contra las puertas, en el páramo y a través de los ríos y en las cimas de los montes; el ruido de las batallas y el silencio de los fusilamientos; la usurpación y las maldiciones de una naturaleza siempre más poderosa que sus víctimas, que la contemplan tras una ventana con los cristales rotos; y también lo más íntimo, el rumor de los objetos que ya no son de nadie, la letra de las cartas que nunca serán leídas y las voces de los vestidos que dejaron atrás los muertos, aún colgados de sus perchas”.

Jon Rosáenz:

La mejor forma de acercarnos a la obra de Benet es leer los argumentos que algunos amigos y colegas del escritor exponen en artículos y comentarios a modo de propedéutica de su narrativa. He aquí algunos muy significativos que nos ayudan en este propósito:

“Hortelano –se refriere a Juan García Hortelano- comparaba las novelas de Benet con ascensiones al Himalaya, o al Everest (según su extensión), y las dividía en cotas: “Sólo voy por los 150.000 metros”, decía, refiriéndose a la página 150. “Creo que me despeñaré esta vez antes de alcanzar la cima”. [“El reconocedor del diablo”. En la web: www.javiermarias.es. Referencias : Javier Marías (El País, Babelia, 6 de febrero de 1999. Recogido en “Literatura y Fantasm”, Alfaguara, Madrid, 2001)]

“No voy a negar enteramente que la obra de Benet presente dificultades, porque sé, entre otras cosas, que si no las presentara tendría la mitad del interés que tiene y no produciría la fascinación que también ha causado en muchos lectores más intrépidos y resueltos. Pero sí convendría advertir a los más pusilánimes que no toda la obra de Benet las presenta. Algunos de sus libros son diáfanos -lo cual no quiere decir nunca triviales ni simples- y tan deliciosos como los relatos de Isak Dinesen (Trece fábulas y media); o tan profundos y amenos como las memorias marítimas de Joseph Conrad (Otoño en Madrid hacia 1950); o tan misteriosos y sobrecogedores como Santuario de Faulkner (El aire de un crimen); o tan agudos e irónicos como El elegido de Thomas Mann (El caballero de Sajonia y aun En la penumbra, sus dos últimas novelas publicadas en vida). (…) El desprecio de Benet por la intriga ha sido siempre manifiesto: no sólo porque veía en ella una manera burda de hacer pasar al lector las páginas, sino también porque sabía que ese recurso está al alcance de cualquiera, desde Dickens hasta el más infame guionista de culebrones. Lo que el lector debe saber, así pues, es que Benet jamás le dará carnaza barata de la que hoy se encuentra por doquier no sólo en la televisión, la radio y la prensa, sino también en la literatura; tampoco le ofrecerá un retrato artesanal de lo que ya conoce, no le confirmará en lo que ya sabe, ni será complaciente dándole la razón acerca de lo que el lector ya ha pensado impersonalmente, es decir, de lo que ya piensa por él su época sin necesitar la contribución de su esfuerzo. Y en ese sentido sí es un autor difícil, pero no más que Proust o Faulkner o Kafka o Conrad o los propios Shakespeare y Cervantes: ninguno de ellos halagó y adormeció las mentes, sino que las hicieron despertar con zozobra, y preguntarse. Pero si Benet aplica las mismas dosis de incertidumbre y tiniebla en sus libros diáfanos y en sus libros oscuros, ¿por qué estos últimos son así considerados? ¿Porqué a los primeros se pueden acercar y se han acercado sin ningún temor tantos lectores ocasionales? Sólo encuentro una explicación, y es un poco lamentable: se trata de un problema de sintaxis (pero no es culpa de un escritor que algunos de sus lectores no lo hicieran bien en la escuela). En sus novelas más ambiciosas y extensas el párrafo de Benet es largo y amplio y alambicado, lleno de meandros, incisos y prolongadas metáforas que cobran autonomía dentro de la narración o discurso general, al que a veces cuesta volver, en efecto, si uno no ha admitido esa importancia o autonomía de lo que sólo las costumbres tipográficas (o los hábitos lectores más holgazanes) hacen ver como lateral, prescindible o secundario. En la apasionante e inaugural Volverás a Región (pero aquí no tanto), en Una meditación o en Un viaje de invierno, en Saúl ante Samuel o en algunos pasajes de Herrumbrosas lanzas el lector perezoso puede sentirse ofuscado por el enmarañamiento de la selva en la que llegó a adentrarse”. [Artículo titulado “Una invitación”, está tomado de la web de Javier Marías: www.javiermarias.es. La referencia a pie de artículo es: Javier Marías (Epílogo a Juan Benet, En el estado, Alfaguara, Madrid, 1993. Recogido en Javier Marías, Literatura y fantasma, Alfaguara, Madrid, 2001)]

”Benet es de los pocos autores contemporáneos, y pienso también en Anthony Powell o W.G. Sebald, que gana en la relectura. En sus libros, a diferencia de tanta necedad satinada que llena las mesas de novedades de las librerías, y como bien señala Javier Marías, no hay artificio más allá de un estilo que, por ser el que debe ser, no resulta cargante ni chirría, algo que ocurre con sospechosa frecuencia en quienes han tratado de imitarlo. (…)“Desprotección, inestabilidad, desasosiego forman el signo del cielo de Región. Cielo que no es del sol sino del viento. Cielo del viento más que ningún otro”, según las palabras, casi en verso, de Rafael Sánchez Ferlosio”. [“Círculo de sombras”, artículo de Sergio Casquet. Junio, 2001. En la web: www.javiermarias.es]

“El hermetismo, pues, no proviene de un afán deliberado de oscuridad ni de otra confusión que no sea la de tratar de entender la vida con los limitados medios de que disponemos, sino de una elección única, singular, que hace que Saúl ante Samuel sea como es y de ninguna otra manera. Los personajes -cuya historia se repite una y otra vez, sobre la cual vuelve el autor como se vuelve sobre una estampa- se convierten en los sujetos que sostienen una armazón que permite a las imágenes literarias situarse para construir la novela, por eso están simplificados: no son los conflictos de unas almas perdidas lo que aquí importa, sino un conflicto de valor general que incide sobre los comportamientos humanos. La doctrina dice que el gran tema de Juan Benet es la ruina, la ruina física, moral y aun geográfica de un país y de un pueblo. Es cierto que la ruina es el nutriente de esta larga meditación narrativa, pero no me parece que sea el objetivo final”. [“Juan Benet: Saúl ante Samuel” por José María Guelbenzu Revista de Libros nº 95, noviembre 2004. En la web: www.revistasculturales.com]

“Si nos paramos en esa especie de subgénero, de la ficción en prosa, que se asienta en lugares inventados de mayor o menor correspondencia con una topología y una historia, enseguida podrá entenderse que, para los fines estratégicos de la poética de Benet, constituían el instrumento idóneo. Y ello porque le permitían saltar limpiamente por encima de sus dos abominaciones: por un lado ese ya aludido costumbrismo o naturalismo ramplón y previsible, por muy políticamente justificado que se pensara en la España de posguerra y, por otro lado, el vanguardismo de superficie que, para las letras europeas, supuso la irradiante obra de Ulises. Obra que, para Benet, tras volatines formales muy jaleados, no acertaba a esconder bien, lo que en realidad también era.: puro costumbrismo, pura “taberna”. Existía un tercer modo, al que Benet podría haber recurrido, manera que si sorteaba los dos descartados costumbrismos. Coincidía con las últimas y elaboradas cotas que, en el muy complejo análisis psicológico en profundidad de personajes y comportamiento, habían llevado a cabo, básicamente, Marcel Proust y Henry James. Supongo que Benet pensó que dichas cotas eran irrebasables, incluso con una modulación personal, que lo alejara del seguidismo. Por otro lado, esos dos escritores, sí gozaban desde la adolescencia y sin reserva alguna de su absoluta devoción lectora. De modo que el tratamiento mitológico, simbólico y poético en prosa, que no desdeñaría excursos muy reiterados por la pura y dura especulación intelectual, aparcando la acción sin jamás excusarse por ello, a Juan Benet le pareció mecanismo apropiado y eficaz para emprender y dar cima a su ambicioso proyecto de aireamiento y destitución. [“Juan Benet : El Numa, mito de Región”. Artículo de Antonio
Martínez Sarrión. En “Casa América 2004”, para el ciclo Ciudades Imaginadas.
Extraído de la dirección (web del Ministerio de Cultura) :
http://www.mcu.es/libro/programas/promocionLetras/recursos/docs/CA04_MSA...