El pajarillo

Un pajarillo de negra figura en mi hombro se posó atrevido y, luego, al oído me susurró un grave ruego, con su triste trino de desventura:

“Porque es fruto de la humana factura la cruz eterna del infernal fuego, no vivas la vida como si un juego fuera de pasiones y de locura…

…Es la fe la humildad de la razón, es el alma la que fuerte palpita y no los latidos del corazón.”

Levantó el vuelo y acabó la visita. Yo, ya no lo veo; pero, a la sazón, creo que fue una pesadilla maldita.