El cuaderno gris

Las máquinas han progresado mucho, hacen movimientos admirables, movimientos que nunca se hubieran podido sospechar que llegasen a hacer. Pero los movimientos curiosísimos, graciosísimos e indescriptiblemente divertidos que hacen las orejas de los gatos - sobre todo los gatos jóvenes -  no creo que las máquinas los lleguen a imitar por más fino que se haga el progreso.

Que todo el mundo se arme de su zurrón y su escopeta de caña y salga a la caza de las melodías de este mundo, que cada vez vuelan más alto.

De todos modos cuesta mucho deshacerse de la propia vanidad, de la fachenda, de la tendencia a darse siempre razón, a ciegas, sin repensar. La vanidad parece segregarse de la estructura misma de los tejidos humanos.

No he comprendido nunca el interés que entre la gente suscitan los políticos, lo que se puede llamar el valor humano de los políticos. En cualquier otro estamento hay gente más valiosa.

Es el mismo efecto que hace la lectura de un libro vital - de una gran novela, por ejemplo. El libro os entra en la carne y en el espíritu como una ola de vida impetuosa. Pero hay una diferencia entre una cosa y otra : el libro os transforma - más o menos - , deja una huella, os inocula una sustancia que un día - más o menos lejano - aflorará a la superficie y se manifestará.

Por ejemplo, yo tiendo en público, o cuando escribo, a combatir el sentimentalismo por pornográfico y antihigiénico, pero lo cierto es que, personalmente, soy un ternero sentimental evanescente [...] Ante muchas cosas, soy de una debilidad ridícula. Una gota de sangre, un dolor físico, la presencia de un muerto, la observación de una injusticia, la desgracia de un amigo,  la visión de unos ojos tristes y acobardados me sumergen en un estado de debilidad tan morbosa y tan dolorida que lo siento de una manera física.

No me canso de leer los Ensayos de Montaigne. Así paso horas y horas de noche en la cama [...] Una de estas sorpresas proviene, creo yo, del hecho de que Montaigne tiene una idea muy precisa de la insgnificante posición que tiene el hombre sobre la tierra.

La juventud es triste porque en esa edad sólo se tiene receptividad - pienso -  para las cosas inconcretas, es decir, para la nada.

¿Por qué la gente habla tan a menudo de la alegre vida de los estudiantes? No he llegado nunca a comprender al menos en mi caso particular, el sentido  de estas palabras. A veces recuerdo episodios de esa vida de estudiante.

La más alta virtud del hombre civilizado es la capacidad real o aparente de olvido.

El seny catalán parece una forma comercial, positiva del escepticismo.

Hay una cantidad determinada de personas que viven de renta - que es una cosa conspicua y sólida. Escribir es una cosa más fuerte : hace vivir del aire del cielo : de presentimientos, garambainas, hipótesis y profecías.

A los veinte años, en aquella edad en la que la lejanía me llevaba a confundir a los intelectuales con la inteligencia, me hubiera sido posible, aún separar una obra excelsa de su autor. Ahora, a los veintidos, ya me sería imposible. 

Tengo una pésima opinión de mí mismo. No me gusto nada. Me considero capaz de hacer, en cualquier momento, el más abyecto desatino, la más indignante tontería. Tengo grandes dudas sobre mi moralidad intrínseca. Mis defensas - sobre todo las defensas que provienen de la vanidad, del amor propio - son paupérrimas. Soy un hombre ligero - pero no soy presumido. Ligero, muchísimo.. No pasa día que no formule las correspondientes mentiras, que no articule las correspondientes frases gratuitas - cheques sin provisión - , que no hable con la mayor frivolidad y por el gusto del mero capricho. Hay gente que sabe justificar sus propias mentiras. Todo lo que hacen, lo consideran absoluatamente necesario.

 

El cuaderno gris Josep Pla

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