Carta a Théo Van Gogh

Autorretrato gentileza del museo Van Gogh de Amsterdam

Mi querido Théo :

Regreso de un paseo a Mont Majour, y mi amigo el subteniente me ha acompañado.. Hemos explorado los dos solos el viejo jardín y hemos robado excelentes higos. Si eso hubiera sido más grande hubiera hecho pensar en el Paradou de Zola, grandes cañas, viñas, yedras, higueras, olivos, granados de gruesas flores del más vivo anaranjado, cipreses centenarios, fresnos y sauces, encinas de las rocas, escaleras derruidas a medias, ventanas ojivales en ruina, bloques de peñascos blancos cubiertos de liquen y trozos de muro desplomado esparcidos de trecho en trecho en la verdura; he traído además un gran dibujo, no del jardín, sin embargo. Esto hace tres dibujos; cuando tenga media docena te los enviaré.
Ayer he estado en Fontvieilles para hacer una visita a Bock y a McKn., solamente que estos señores habían partido por ocho días a un pequeño viaje por Suiza.
Creo que el calor me hace siempre bien, a pesar de los mosquitos y las moscas.
Me parece que hago bien trabajando sobre todo en los dibujos de momento, y proceder de manera que tenga colores y tela en reserva para el momento en que venga Gaughin.
Quisiera encontrar en el color la misma falta de problemas que en la pluma y el papel. Por mi miedo a malgastar el color, fracaso a menudo en la pintura de un estilo.
Con el papel, cuando no se trata de escribir una carta, sino de hacer un dibujo, no se malgasta casi nada; tantas hojas Whatman, tantos dibujos. Yo creo que si fuera rico, gastaría menos que ahora.
¿Te acuerdas en Guy de Maupassant, de aquel señor cazador de conejos y otras piezas, que había cazado tanto durante diez años y se había derrengado tanto  en correr detrás de la caza, que en el momento en que quería casarse no se excitaba ya, lo que le causaba las más grandes inquietudes y consternaciones?
Sin estar en el caso de este señor en lo que se refiere a deber o querer casarme, en cuanto al físico comienzo a asemejarme a él. Según el excelente maestro Ziem, el hombre se vuelve ambicioso desde el momento en que no se excita. Como que me es más o menos igual excitarme o no, protesto en cuanto deba llevarme fatalmente a la ambición...
Es por cierto un extraño fenómeno que todos los artistas, poetas, músicos, pintores sean materialmente desgraciados - los felices también - y lo que últimamente decías de Guy de Manpassant lo prueba una vez más. Esto renueva la eterna cuestión : la vida, ¿es enteramente visible para nosotros, o bien no conocemos antes de la muerte más que un hemisferio?
Los pintores - por no hablar sino de ellos-, estando muertos y enterrados, hablan a la generación siguiente o a varias generaciones siguientes por sus obras.
¿Es eso todo, o hay todavía algo más? En la vida del pintor, tal vez la muerte no sea lo más difícil de obtener.
Yo confieso no saber por qué será, pero siempre la vista de las estrellas me hace soñar, tan simplemente como me impulsan a soñar los puntos negros que representan en el mapa las ciudades y lugares. ¿Por qué, me pregunto, los puntos luminosos del firmamento nos serían menos accesibles que los puntos negros del mapa de Francia?
Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella.
Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que estando en vida, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren.
En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos de vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres.
Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie.

Vincent Van Gogh (29 de julio de 1888)
 

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