Acta marzo 2005

OBRA: LA HOJA ROJA
AUTOR: Miguel Delibes

PONENTE: Joseba Molinero

PRESENTACIÓN

Miguel Delibes Setién nació en: Valladolid, 17-10-1920. Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid. Ha compaginado la literatura con la docencia, como catedrático de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid, y el periodismo profesional. En 1936, terminado el bachillerato, ingresó en la Escuela de Comercio al tiempo que estudiaba modelado y escultura en la Escuela de Artes y Oficios. En 1938 se enroló como marinero voluntario en el crucero Canarias. Finalizada la guerra, regresó a Valladolid. A partir de 1940 estudió Derecho y Comercio. Comenzó a colaborar como dibujante caricaturista en 'El Norte de Castilla' de Valladolid, del que fue redactor a partir de 1944. Continuó con el dibujo de caricaturas, que firmaba con el seudónimo de MAX; asimismo realizaba críticas de cine. De forma simultánea con su actividad periodística, en 1945 ganó las oposiciones a la Cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Valladolid. Contrae matrimonio en 1946 con Angeles de Castro con la que tuvo siete hijos y de la que enviudó en 1974. Miembro de la Real Academia Española, elegido el 1 de febrero de 1973 para ocupar el sillón 'e', leyó su discurso de ingreso 'El sentido del progreso desde mi obra' el 25 de mayo de 1975. En ese mismo año fue también elegido miembro de la Hispanix Society of America. A lo largo de su trayectoria literaria ha sido galardonado con numerosos premios (*), además de recibir diversos reconocimientos y condecoraciones (**). Éstas son sus obras:

Ensayo: La caza en España. Editorial Lumen, S.A. (1962), El libro de la caza menor. Ediciones Destino, S.A. (1964), USA y yo. Ediciones Destino, S.A. (1966), La primavera de Praga. Alianza Editorial, S.A. (1968), Vivir al día. Ediciones Destino, S.A. (1968), Con la escopeta al hombro. Ediciones Destino, S.A. (1970), Por esos mundos. Ediciones Destino, S.A. (1970), Un año de mi vida. Ediciones Destino, S.A. (1972), Castilla, lo castellano y los castellanos. Editorial Planeta, S.A. (1979), Un mundo que agoniza. Plaza & Janés Editores, S.A. (1979), La censura en los años 40: y otros ensayos. Ámbito Ediciones, S.A. (1985), Las guerras de nuestros antepasados: versión teatral. Ediciones Destino, S.A. (1990), Los niños. Editorial Planeta, S.A. (1994), La naturaleza amenazada: discurso de ingreso en la Real Academia y otros ensayos. Ediciones Destino, S.A. (1996).

Literatura Infantil y Juvenil: Mi mundo y el mundo. Miñón, S.A. (1970), Tres pájaros de cuenta. Miñón, S.A. (1982), Mi querida bicicleta. Miñón, S.A. (1988), La vida sobre ruedas. Ediciones Destino, S.A. (1992), Un deporte de caballeros. Ediciones Destino, S.A. (1993).

Narrativa: La sombra del ciprés es alargada. Ediciones Destino, S.A. (1948), Aún es de día. Ediciones Destino, S.A. (1949), El camino. Ediciones Destino, S.A. (1950), El loco. Editorial Prensa Española, S.A. (1953), Mi idolatrado hijo Sisí. Ediciones Destino, S.A. (1953), La partida. (1954), Los raíles. Editorial Prensa Española, S.A. (1954), Diario de un cazador. Ediciones Destino, S.A. (1955), Siestas con viento sur. Ediciones Destino, S.A. (1957), La mortaja. Ediciones Destino, S.A. (1957), Diario de un emigrante. Ediciones Destino, S.A. (1958), La hoja roja. Ediciones Destino, S.A. (1959), Castilla: dieciocho grabados al buril de Jaime Plá. (1960), Por esos mundos: Sudamérica con escala en Canarias. Ediciones Destino, S.A. (1961), Las ratas. Ediciones Destino, S.A. (1962), Europa : parada y fonda. Cid, S. (1963), Viejas historias de Castilla la Vieja. Editorial Lumen, S.A. (1964), Cinco horas con Mario. Ediciones Destino, S.A. (1966), Parábola del naúfrago. Ediciones Destino, S.A. (1969), El príncipe destronado. Ediciones Destino, S.A. (1973), Las guerras de nuestros antepasados. Ediciones Destino, S.A. (1975), Mis amigas las truchas. Ediciones Destino, S.A. (1977), El disputado voto del señor Cayo. Ediciones Destino, S.A. (1978), Los santos inocentes. Editorial Planeta, S.A. (1981), El otro fútbol. Ediciones Destino, S.A. (1982), Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso. Ediciones Destino, S.A. (1983), El tesoro. Ediciones Destino, S.A. (1985), Castilla habla. Ediciones Destino, S.A. (1986), 377A, madera de héroe. Ediciones Destino, S.A. (1987), Mi vida al aire libre: memorias deportivas de un hombre sedentario. Ediciones Destino, S.A. (1989), Pegar la hebra. Ediciones Destino, S.A. (1990), El conejo. (1991), Señora de rojo sobre fondo gris. Ediciones Destino, S.A. (1991), El último coto. Ediciones Destino, S.A. (1992), Diario de un jubilado. Ediciones Destino, S.A. (1995), Diario de Lorenzo. Ediciones Destino, S.A. (1995), El hereje. Ediciones Destino, S.A. (1998), Los estragos del tiempo. Ediciones Destino, S.A. (1999), Tres pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados. R que R. Editorial, S.A. (2003).

Otras Obras: La caza de la perdiz roja. Editorial Lumen, S.A. (1963), Obra completa. Ediciones Destino, S.A. (1964), Castilla en mi obra. Editorial Magisterio Español, S.A. (1972), S.O.S: la naturaleza amenazada. Ediciones Destino, S.A. (1976), Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo. Ediciones Destino, S.A. (1977), Dos días de caza. Ediciones Destino, S.A. (1980), Las perdices del domingo. Ediciones Destino, S.A. (1981), Dos viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos. Plaza y Janés Editores, S.A. (1982), La caza de la perdiz roja en España. Ediciones Destino, S.A. (1988), La grajilla. Diputación Provincial de Valladolid (1993), He dicho. Ediciones Destino, S.A. (1996), Miguel Delibes, Josep Vergés. Correspondencia, 1948-1986. Ediciones Destino, S.A. (2002), España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela. Ediciones Destino, S.A. (2004), La Tierra herida. Ediciones Destino, S.A. (2005).

Poesía: Para Paco Pino en sus 80 primaveras. Ediciones Hiperión, S.L. (1990).

Teatro: Cinco horas con Mario: versión teatral. Espasa-Calpe, S.A. (1981), La hoja roja: versión teatral. Ediciones Destino, S.A. (1987).

Delibes escribe novelas, según el esquema clásico: un ser humano (protagonista), un paisaje (ambiente) y una pasión (un móvil). En su concepción de la creación novelística, por tanto, el objetivo de la literatura consiste en “contar algo” bien contado, y no simplemente en escribir con corrección. En eso se resume el arte de escribir novelas.

Él trata siempre de ser fiel consigo mismo, con lo que considera esencial en la creación literaria: presentación de tipos humanos creíbles, sencillez de estilo y utilización de constantes u obsesiones: la naturaleza (el ser humano como parte de ella), la muerte (la gran incógnita), la infancia (como edad activa y suficiente) y la ineludible presencia del prójimo.

Su obra presenta un marcado acento pesimista, hasta el punto de que él mismo considera que sólo ha escrito dos novelas con fondo optimista (Diario de un cazador y Mi vida al aire libre). Aunque, sin ninguna duda, este pesimismo (o quizá escepticismo) de sus obras está refrescado con una ironía castiza de mucho calado y trascendencia.

De todas formas, al final, en sus novelas un tema destaca sobre los demás: la frustración, el acoso al individuo por parte de una sociedad indiferente, opresiva e, incluso, hostil. Al respecto, Delibes reconoce que en el fondo los escritores son gentes de pocas ideas, y a veces de una sola idea obsesiva, que se repite en todos los textos. En su caso, podrían ser la soledad, la incomprensión y el miedo. Y, en este sentido, Delibes opta por ser el notario de un tiempo que va tomando partido por los marginados, adoptando en toda su obra una actitud moral, ética y estética.

La hoja roja es una novela provinciana, minuciosa y galdosiana, si no en la forma, sí en el fondo. Cuenta la parte final de la vida de un jubilado, que podría ser el padre del propio autor, circunstancia que explica la conmovida humanidad que transmite el protagonista.(1)

Giuseppe Bellini (2) nos la presenta de este modo: “Situémonos, para empezar, en esa noche en que se jubila Eloy, el anciano protagonista de la novela. Tras medio siglo de trabajo en el Departamento de Sanidad, el festejo que organizan ante su marcha es bien poca cosa, sobre todo si se advierte el desinterés de quienes asisten a él. Tras el adiós, previsiblemente, llega el vacío, la sensación de ausencia, y sobre todo, la idea de que las manecillas del reloj no han de seguir girando por mucho tiempo. Ese periodo, todo sea dicho, es particularmente intenso y decisivo para Eloy, cuya única compañía fiel es Desi, la joven pueblerina que le atiende en las tareas domésticas. En torno a este par de personajes deambulan otros de no menor interés: Leoncito, el hijo desagradecido y egoísta; Isaías, amigo de Eloy; y Picaza, el violento bribón con quien Desi pretende casarse y que acabará en la cárcel. Al final, puesto que la soledad incumbe tanto al viejo protagonista como a su criada, él le hace una propuesta que puede atenuar el desconsuelo: un matrimonio de conveniencia, sin otro fin que buscar el beneficio común; esto es: la compañía para Eloy y el hecho de que, a la muerte de éste, ella reciba la pensión de viudedad. Al fin y al cabo, cuando el jubilado plantea ese propósito a Desi, le confiesa algo que resume toda la enjundia de la novela: «Tendrás estorbo por poco tiempo, hija. A mí me ha salido ya la hoja roja en el librillo de papel de fumar».

VALORACIÓN

Si aplicáramos a esta novela una óptica de círculos concéntricos, resultaría que su arquitectura se estructura en tres niveles diferenciados: El primero, comprendido en un círculo exterior, nos presenta la organización y modos de vida en una capital de provincias, entre 1940 y 1950; el segundo, desarrollado en un círculo más pequeño, relata la historia de una familia de la burguesía media española (pasado pretencioso, presente inane y un futuro otra vez brillante, concretado en el personaje de Leoncito); y el tercer nivel, comprimido en un círculo central, reducido y angosto, explicita la vida de un hombre en la preagonía.

Como cronista de la vida de la ciudad, Delibes es un virtuoso, un observador sutil que muestra muchos rasgos comunes con el estilo de la observación balzaciana. Describe esta vida, presentándola como un latido estático, parada agónicamente en el tiempo, sin conflictos y, lo que es peor, sin conciencia de la existencia de los mismos (el mayor incidente ciudadano que se narra se centra en la actuación de unos barrenderos). La vida en provincias (quizá Valladolid) es redonda, se ve empezar y terminar. Delibes nos lo sintetiza con cuatro latiguillos que se reiteran a lo largo del libro. Estas reiteraciones, que son retóricas, estróficas y líricas, se avienen a la condición circular, repetitiva y monótona de la vida. Del mismo modo, los personajes están cerrados, sin influencias, y, repiten sus expresiones. La reiteración, en definitiva, no es más que una metáfora de la monotonía de la vida en esa ciudad y en esa época.

Pero, por otra parte, la utilización del recurso de la reiteración, unida a un esquematismo verbal y al uso certero y exquisito del lenguaje (a pesar de su laísmo crónico), es además una manifestación inequívoca de la maestría técnica y estilística que atesora el autor, que pone en práctica a la hora de cualificar a los personajes, los cuales están construidos de amor, de un amor intenso de su creador, que los hace aún más verdaderos.

Así, la historia de la familia de Don Eloy es la historia de la pequeña burguesía española, desde antes de la Guerra Civil hasta los años 50. Comienza el día en que a Don Eloy le dan la jubilación, y acaba cuando ya hay gotas de sangre que preludian el fin de una vida. Vida que es, a su vez, susceptible de ser analizada también desde el prisma de los círculos concéntricos. El análisis Pondría al descubierto los siguientes ámbitos de discurso: crónica social de la jubilación en España, la soledad de Don Eloy y la soledad radical del ser humano.

Detengámonos un momento en el aspecto temático de la soledad, y advertiremos claramente que Don Eloy y todos los personajes están solos; porque, cuando Don Eloy o cualquiera de los protagonistas de la novela participan de la compañía de alguien, en realidad siguen estando solos. Sin embargo, en este amasijo de soledades, destaca la soledad de Don Eloy, triste e insalvable, real y lacerante, quien repite gestos casi uterinos, buscando un amparo que perdió al nacer. Su vida se resume en una suerte de incomunicación fatal, que en la vejez se concentra exclusivamente en un fondo de recuerdos y nostalgias (su mujer, sus compañeros, sus amigos, el hijo lejano y ausente y el hijo muerto constituyen la evidencia de este fracaso comunicacional).

Delibes nos alerta de la soledad en la que conviven los seres humanos. Nos lo dice con ironía, con sorna, casi con melancolía barojiana; pero también con un inconmensurable amor. Él ama aquello que denuncia. No es un escritor revolucionario. La ternura le une a lo que denuncia. Así, absuelve con el sentimiento lo que condena con el pensamiento.

Con todo, la solución que Delibes encuentra a la radical soledad existencial que aflige a los seres humanos pasa por el reencuentro de la identidad individual y colectiva en el cálido regazo de la madre naturaleza. De esta manera, en el caso que nos ocupa, no hay remedio en la sociedad ni en la ciudad a la situación de Don Eloy. La única salida digna se halla en un retorno a la naturaleza, personificada en la obra en la figura de Desi. Ella es la metáfora de la vida auténtica, de lo natural primigenio y de la humanidad en estado puro. Representa la necesaria compañía para recorrer el campo a través que es la vida, una vez que hemos desplegado la hoja roja que anuncia el final de nuestros días. (3)

INTERVENCIONES

Nicolás Zimarro:

Miguel Delibes es, sin duda, el prototipo de escritor en cuya producción literaria tiene lugar una evolución, superación y ampliación temática y estilística, que le distancian de los escritores de su generación. Como señala Andrés Amorós (4), “De su primera novela a la más reciente, el novelista va evolucionando desde un realismo de raíces tradicionales y rígidas hasta un lúcido criticismo social, abriéndose a los problemas que asedian al mundo moderno con un sentido de universalidad que le lleva, incluso, al terreno del reportaje periodístico y los problemas de política internacional”.

A este respecto, La hoja roja es un pliego de descargo, una protesta descarnada y sincera que brota del fondo de un corazón doliente, contra una de las mayores lacras de una sociedad regida conforme a los parámetros de una economía neoliberal, que no es otra que la soledad, el abandono y el desprecio que padecen las personas no aptas para el sistema productivo, bien sea por alguna imposibilidad física o psíquica, bien por la carencia de formación, o bien sea por causa de la vejez. Edgar Pauk (5)apunta esta idea: “Hace 40 años, Delibes escribió La hoja roja (1959). En ella retorna al ambiente provinciano de la clase media en torno, esta vez, a la figura de un viejo jubilado, Don Eloy, reducido a un mundo de soledad y limitaciones, cuyo único horizonte es el de Desi, su sirvienta, una muchacha también sola. El conocimiento del medio pequeño-burgués y el estudio de la psicología del anciano en ese momento crítico del paso a la situación de retirado constituyen una conmovedora denuncia de uno de los fallos más sensibles de la sociedad capitalista”.

Roberto Santiago Velázquez (6) incide en esta cuestión, y añade: “Miguel Delibes es de los pocos escritores que se han preocupado por templar el fondo y la forma en sus obras, y no ha privilegiado uno u otro aspecto. Por eso las obras de Delibes se han proyectado a la universalidad. Al autor vallisoletano, heredero de las raíces del realismo del siglo XIX, le importa mucho lo que dice, le preocupa denunciar la injusticia social, la incomunicación provocada por la búsqueda de bienes materiales, el acercamiento a la naturaleza, la desesperanza, la explotación, la insolidaridad humana y, sobre todo, la angustia existencial y la preocupación por la cercanía de la muerte, que es el nervio fundamental y patente en La hoja roja. Pero, a Delibes también le preocupa la forma de presentar la estructura de sus novelas (tiempo, personajes y punto de vista)”. Tiempo que en La hoja roja se circunscribe a la sociedad franquista de la posguerra; personajes que representan el estrato social de la clase media de una ciudad de provincias y el estrato social de las clases humildes obrera , campesina y del servicio doméstico; y punto de vista que reseña una valoración política y moral, y una crítica de la sociedad del momento.

 

Jon Rosáenz:

Resulta curioso conocer que el editor de Delibes tenía ciertas reticencias a la hora de editar esta novela. Menos mal que al final Delibes llegó a convencerle de sus posibilidades y de su indudable calidad. A pesar de que hoy figura entre los títulos que han de ocupar cualquier biblioteca de literatura española contemporánea, La hoja roja llegó al público tras curiosas vacilaciones. Cabría resumir tales dudas reproduciendo esta carta fechada el 14 de febrero de 1959, y remitida por Delibes a su editor, Vergés (7). «Me da la impresión —escribe— de que La hoja roja no te ha llenado. Yo, en mi perpetua vacilación, no sé ya qué pensar del libro. He meditado sobre el título. Sospecho que la dificultad tuya proviene de la cuestión personal que tenéis los catalanes con la “jota”. Para un castellano, la cacofonía deliberada no le va mal, incluso puede ser un aliciente. De todos modos, he pensado que La antesala o La sala de espera, resume también la idea del libro».

La cuestión es que el libro se publicó, y que constituye una de las obras más importantes de Delibes. En ella, se entrevé el amor que el autor profesa al lenguaje entendido como el ámbito donde la realidad adquiere su auténtica dimensión, gracias al uso genuino de las palabras. El propio Delibes nos recuerda la trascendencia que tiene el lenguaje, como elemento clave del discurso comunicativo, en esta reflexión: “En mi caso particular, mi inclinación hacia la literatura se produce, ...por la conjunción fatal de dos factores absolutamente ajenos uno al otro: mi curso de Derecho Mercantil con Joaquín Garrigues y mi ingreso como redactor del periódico de Valladolid “El norte de Castilla”, en 1941. El hecho de que una materia tan árida como el Derecho Mercantil influyera en mi decisión se debe a la magia de su autor; ya que, por debajo de las aburridas teorías jurídicas, yo encontré en él la belleza, la gracia y la exactitud expresivas. Garrigues aquilataba los términos, administraba los adjetivos con admirable precisión, exponía el mayor número de ideas con el menor número de palabras, e incluso, como fiel orteguiano, iluminaba el prosaísmo inevitable de los textos jurídicos con hermosas y rutilantes metáforas. Garrigues, a mi entender, no fue sólo un gran maestro, sino también un gran escritor”. (8)

Delibes parece que tomó muy buena nota de sus enseñanzas. Al menos eso se deduce de la calidad que destilan sus obras. Nadie lo discute. Es más, algunos, entre ellos Francisco Umbral, lo califican de verdadero artista de las letras y el lenguaje. Véase, si no, este texto (9): “Como en todas sus demás obras, el escritor vallisoletano nos hace ver el conjunto de cualidades de cada personaje a través del modo que éste tiene de expresarse. Es verdad que en la mayoría de los diálogos el punto de tangencia con la auténtica oralidad del pueblo es un elemento obvio. Pero no es menos cierto que ese afán realista, cuyo valor ha sido destacado por su riqueza estilística y su minuciosidad, tiene un profundo valor humano, pues arrastra episodios de enorme emoción. «Los personajes de Delibes —escribe Francisco Umbral— están siempre presentes porque hablan como son, se definen por lo que dicen y, sobre todo, por cómo lo dicen. Yo creo más en el significante que en el significado. Opino que lo que configura una novela es el significante, más que el significado. Y el significante es riquísimo en Miguel Delibes. Y con ello consigue, precisamente, lo que yo llamaría un realismo convencional, que eso es para mí el arte”

Verdaderamente, Delibes es un maestro del arte de escribir, y lo demuestra en esta novela, tratando un tema extremadamente sensible con una delicadeza exquisita y sin ninguna amargura. Edgar Pauk (10) afirma que: “A pesar de que la síntesis que ofrecíamos más arriba puede dar la idea de que se trata de una narración angustiosa, muy inspirada en el desarrollo de la pesadumbre del jubilado, lo cierto es que el tono de la obra desmiente esa sospecha. Como ya dijo Edgar Pauk, el significado de la pieza quedaría destruido de haber en ella amargura. Lo mismo en su inicio y desarrollo que en el inesperado remate, es la ausencia de aflicción «lo que caracteriza a la Desi y Eloy, ambos víctimas de vidas y eventos difíciles y tristes, pero ambos personajes llenos de calor humano y de positiva vitalidad, quienes al final pueden juntar sus dos calores para calentarse mutuamente»

Roberto Sánchez:

El tema de la obra es fundamentalmente la soledad. Todos los personajes superviven solitarios, estén casados o solteros, vivan en familia, de sirvientes o sin compañía, sean jóvenes o mayores: Eloy se encuentra solo, incluso en el trabajo, con una soledad que recorre sus venas y arterias, con una soledad interiorizada desde que nació póstumo; Desi es una mujer solitaria, una simple muchacha que se ve obligada a abandonar su pueblo natal para ir a servir a la capital; Manuel “el picaza”, los amigos de Eloy (el óptico e Isaías,)..., todos se hallan extraordinariamente solos. Pero, sobre todas estas soledades destaca la patética soledad de Leoncito, el hijo notario de Eloy. Representa a un ser humano esencialmente alienado en su desgraciada soledad que, a pesar de tenerlo todo (prestigio profesional, éxito social, riqueza, una esposa glamourosa, etc...), malvive aquejado de un insoportable y continuo dolor de cabeza y cautivo de la apatía, la desilusión y la tristeza. Es, con toda seguridad, la imagen nítida de la infelicidad y el arquetipo del fracaso personal.

Este fracaso puede ser entendido como desperdicio de la vida, y se hace extensivo al propio Eloy. En ambos casos, ni para uno, ni para otro, la vida tiene contenido alguno. La vida es, sin más, un transcurrir de los días arrojado a la basura, un vacío íntimo relleno exclusivamente por el cumplimiento diligente del trabajo. No hay amor, ni cariño, ni autoestima en sus vidas. Sólo frialdad y mera existencia. Frialdad y vacío que se revelan como el hálito mortecino del invierno de la vida, reflejados en una excelente ambientación, en la que curiosamente no se hace alusión alguna a la situación política y social de la España de la posguerra, salvo las referencias al caudillo que aparecen en los titulares de la prensa que lee Desi en sus clases de lectura, y la crítica a la monarquía, en la expresión varias veces reiterada “el rey es un alfeñique”. Así, en la novela, el tiempo atmosférico es desapacible (hace frío, casi siempre está nevando), la luz es apagada y gris (cielos plomizos, interiores de las casas oscuros, vestimenta monocolor), el paisaje es triste, casi congestionado (campos yermos, espacios desolados, calles desangeladas y edificios con paredes escurridas en heladas y angustia).

Esto es cierto; aunque, hay que reconocerlo, al final del texto Delibes nos ofrece un apunte de primavera y abre una oportunidad a la esperanza. Deja de hacer frío, y Eloy se siente más desamparado que nunca. Es cuando se enfrenta, inerme y desnudo, al
despótico gigante que impera en el crepúsculo de sus días, o sea, a la soledad, y se ofrece a Desi, derrotado y sumiso - a Desi, sí, que es un brote de hoja naciente en la rama del árbol caído que es Eloy-.

Carlos Fernández:

Si bien es cierto que el tema del libro es la soledad, de lo que en realidad trata es de la sucesión de acontecimientos que conducen a los protagonistas a su situación de soledad. Principalmente se considera el caso de Eloy, que resulta ser un ejemplo perfecto de la soledad radical que somos todos los seres humanos. El autor parece proponer una suerte de determinismo existencial, fundamentado en el principio de que todos los seres humanos nacemos en la más desnuda soledad y morimos, igualmente, absolutamente solos. Eloy, como cualquiera de nosotros, intenta paliar las graves consecuencias de su inevitable soledad (aislamiento, marginación, desgarramiento, visión ilusoria de la realidad, pérdida de la autoestima)buscando amparo en la compañía de los amigos, la familia, los compañeros de trabajo, etc...Es lo que, más o menos, hacemos todos, el modo que tenemos de enfrentarnos a la soledad existencial. Pero, ésta aflora inexorable, cuando nuestros intentos de superarla, mediante una estrategia de comunicación, resultan baldíos, y caen uno a uno al nicho de las vanidades, simultáneamente a la pérdida de cada persona participe de nuestra soledad. Eloy no es ajeno a esta tragedia, y su soledad discurre y se acrecienta al compás del réquiem por cada uno de sus muertos: no conoce a su padre, su madre fallece siendo él un niño, la tía que lo adopta lo abandona, vuelve a ser adoptado por un tío que muere prematuramente, se le muere un hijo en la guerra, su esposa fallece víctima de una enfermedad y, finalmente, a sus amigos Pepín Vázquez, Pombo “el sportman” e Isaías, como no podía ser menos, también se los lleva la muerte.
En estas circunstancias, a Eloy no le queda más remedio que refugiarse en el consuelo salvífico del trabajo. Por ello, cuando le sale la”hoja roja del librillo de fumar”, o sea, cuando le dan la jubilación, la ficción del amor y la amistad queda en agua de borrajas, y la soledad emerge imperiosa, como única compañera de viaje al final de la vida.

 

Miguel San José:

La novela representa un magnífico cuadro de la realidad social y antropológica de la España de los años 50, que afortunadamente en la actualidad es inconcebible y, en todo caso, inadmisible, y que se perfila en estas características: - La represión sexual, centrada primordialmente en las mujeres, y justificada desde la ortodoxia de la moral católica, que considera, por un lado, sucia y pecaminosa la actividad sexual fuera del matrimonio, postulado moral que conduce a Desi a entender los conatos sexuales de su novio Manuel “el picazas” como “cochinadas”; y por otro, perniciosa y diabólica la representación o la exposición del cuerpo desnudo de la mujer, hecho que explica las visitas de los mozos militares al escaparate de la corsetería de la calle mayor, en donde las maniquíes exhiben unos estupendos bustos cubiertos por los sujetadores de moda. - El dualismo mundo rural-mundo urbano y la dicotomía ciudad de provincias-capital del estado, que se manifiestan de forma gráfica: el primero, en las conversaciones de la “Marce” y Desi, referidas al olor típico a ganado que delata y avergüenza a los pueblerinos recién llegados a la ciudad, cuando Desi le pregunta a su amiga si ya ha quitado el tufo a pueblo, así como en los diálogos de Desi y su novio, cuando hacen
planes para la boda y su posible regreso al pueblo, que evidencian la diferencia del “modus vivendi” en la ciudad y el campo; y la segunda, en la visita que Eloy hace a Leoncito, su hijo, que vive en Madrid, visita que descubre la distancia existente entre el tipo de vida de los urbanitas de la moderna sociedad tecnológica y entre los urbanitas de las capitales tradicionales de provincia. – El militarismo reinante en la sociedad, dibujado en la imagen de los soldados de reemplazo paseando por las calles vestidos con el preceptivo uniforme, y haciendo gala del valor añadido de la “hombría” que se le supone a un militar. – La organización de los roles sociales (trabajo, obligaciones en el seno de la familia, actitudes, derechos y deberes en general) configurada por razón de género, que delata la realidad de una sociedad injusta e irrespetuosa con el principio de igualdad factual de todas las personas, que proclama la superioridad hegemónica de los hombres respecto de las mujeres, y que en el texto se recoge en el ofrecimiento de Desi a lavar la ropa sucia de su novio, como si ésta fuera su obligación, y en la condición de sirvienta de las muchachas de pueblo, que no tienen acceso a otra actividad laboral. – La miseria y la pobreza general que padecía el pueblo llano, escenificada en el asesinato del hermanastro de Desi, por cantar “que llueva, que llueva...” el día que una riada se llevó los animales de los vecinos del pueblo, o en el cuerpo malformado de un cuñado de Desi, o también en la huída a la ciudad de los jóvenes, en busca de un futuro próspero. – El analfabetismo de las clases humildes, personificado en Desi y todas las muchachas de servicio y mozos procedentes de los pueblos. – y, finalmente, la concepción de la tercera edad, como el estadio de la vida del individuo en el que éste deja de tener interés social, pasando a engrosar la lista de las personas inútiles, es decir, a convertirse en una carga familiar y social.

NOTAS:

(*) Premios Obtenidos:

Nacional de Narrativa (Ministerio de Cultura) en 1999 por El hereje...

Premio de las lectoras de la revista Elle al mejor libro no ficción (Revista Elle) en 1995 por Diario de un jubilado...

Rojas Zorrilla de teatro (Ayuntamiento de Toledo) en 1993 por Las guerras de nuestros antepasados..
.
Miguel de Cervantes (Ministerio de Cultura) en 1993 (Discurso de la Ceremonia de entrega).

Nacional de las Letras (Ministerio de Cultura) en 1991 Ciutat de Barcelona de literatura en lengua castellana (Ayuntamiento de Barcelona, Institut de Cultura) en 1987 por 337A Madera de héroe...

Castilla y León de las Letras (Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura) en 1984 por Al conjunto de su obra.

Príncipe de Asturias de las Letras (Fundación Príncipe de Asturias) en 1982 por Compartido con Gonzalo Torrente Ballester...

Nacional de la Crítica de narrativa en castellano (Asociación Española de Críticos Literarios) en 1962 por Las ratas...

Fastenrath (Real Academia Española - U P Fastenrath) en 1957 por Siestas con viento Sur...

Nacional de Literatura Miguel de Cervantes (Ministerio de la Gobernación (1949)) en 1955 por Diario de un cazador...

Nadal (Ediciones Destino) en 1948 por La sombra del ciprés es alargada...

(**) Distinciones:

Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid el 28 de enero de 1983.

Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. 1985.

Hijo predilecto de la ciudad de Valladolid. 1986.

Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid el 26 de junio de 1987.

Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de El Sarre (Alemania) el 7 de mayo de 1990.

Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá de Henares el 30 de mayo de 1996. El discurso que pronunció trató sobre el papel de los personajes literarios.

Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. 1999.

En 1992 la asociación Conservacionista Internacional 'Amigos de la Tierra' le concede el premio 'Amigo de la Tierra'.

Ramón Godó Lallana de periodismo en 1985 por el artículo 'Juventud y novela'.

En 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorga la Medalla de Oro de la Provincia.

En 1999 el jurado de los Premios Bravo le otorgaba el premio especial como 'autor de medio centenar de novelas, amante de la naturaleza y de la vida familiar, sencilla y discreta y defensor de los valores humanos y cristianos'. En ese mismo año, su novela 'El hereje' fue votada por los lectores de la librería Crisol como el mejor título de 1998.

En 1992 es galardonado por la Cámara de Contratistas de Castilla y León, en reconocimiento a su contribución al conocimiento de esa Comunidad.

En el 2001 recibe el Premio Extraordinario a la Cultura de Castilla y León.

(1) Apuntes tomados del libro “España, 1936-1950. Muerte y resurrección de la novela”, de Miguel Delibes, col. Áncora y Delfín, Ed. Destino, Barcelona, 2004.

(2) (2) “Los estragos del tiempo,ed. Definitiva de El Camino, La mortaja y La hoja roja”, col. Mis libros preferidos, vol. GI, Prólogo de Guseppe Bellini, Ediciones Destino, Barcelona, 1999, p. 474.

(3) Ver (1) Apuntes...

(4) “Introducción a la novela contemporánea”, Andrés Amorós, Ed. Cátedra, Madrid, 1989, p. 78.

(5) “Delibes, Desarrollo de un escritor (1947-1974)”, Edgar Pauk A Ligue, 1, Ed. Gredos, Madrid, 1975, p. 190.

(6) “El ayer de Eloy. Forma y fondo en “La hoja roja” de Miguel Delibes”, Roberto Santiago Velázquez, Tesis, 2000, Introducción.
Ver http://www.geocities.com/paris/louvre/5753/tesisdirigidas/roberto.htm

(7) “Miguel Delibes, Jusep Vergés, Correspondencia, 1948-1986”,Ed. Destino, Barcelona, 2002, p. 178.

(8) “España, 1936-1950. Muerte y resurrección de la novela”. Miguel Delibes, Ed. Destino, col. Áncora y Delfín, Barcelona, 2004, p. 159.

(9) “Drama rural, crónica urbana en Miguel Delibes”. Premio Letras Españolas 1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, p. 71..

(10) Ver (5) p. 71.