Mutación

Cuaderno de bitácora de la nave Hegemon

Año III – Día 1 – Hora 1420 - Capitán Dimitrios

Los efectos secundarios de la hibernación están tardando más de lo habitual en desaparecer. La IA de la nave me despertó a las 0800, según estaba previsto. Han transcurrido ya más de seis horas y la visión doble y la sensación de pisar terreno pantanoso y estar hundiéndome aún persisten. A pesar de estas molestias he podido comprobar que todos los sistemas de soporte vital funcionan correctamente.

Nota para el kerarca médico: análisis del correcto funcionamiento de las cápsulas de hibernación.

De acuerdo con el rumbo trazado la aproximación al tercer planeta del sistema Sauel durará diez días estándar. Seis días antes alcanzaremos el gigante gaseoso, el quinto planeta. Para entonces la nave debe estar plenamente operativa. Los sistemas de propulsión relativista y los de armamento tienen que estar asegurados. No es descartable ninguna posibilidad después del tiempo transcurrido desde nuestra última estancia en el planeta y de los sucesos que dieron lugar a ella. En tiempo de la nave han sido tres años estándar. Durante ese periodo hemos orbitado este sistema solar a velocidades relativistas. Para los compañeros que hubimos de abandonar en Gamma habrían pasado casi 50.000 años, si es que hubieran logrado sobrevivir ese tiempo. Pero su supervivencia no era el objetivo. Tenían que morir, era necesario. Y sus descendientes. Y los hijos de estos, y así durante generaciones hasta que la enfermedad desapareciese. O encontrasen una cura y fuese seguro rescatarles a ellos o a sus sucesores. Sin embargo, la llamada, ese aviso que hubiese reactivado todos los sistemas de la Hegemon jamás llegó. Y ahora nosotros estamos aquí de nuevo.

Año III – Día 2 – Hora 1325 - Capitán Dimitrios

La tripulación ha ocupado de nuevo sus puestos sin incidentes. En todos los casos los efectos secundarios tras el despertar se han repetido.

Hace unos minutos he terminado la reunión con los kerarkas. Nadie ha ocultado su preocupación por la ausencia de comunicaciones con Gamma durante este tiempo. Alexis y Kostas se han atrevido a sugerir que abandonemos el Sistema Sauel y continuemos con nuestra misión original, un deseo compartido por muchos miembros de la tripulación. Para reafirmar mi autoridad y disolver dudas me he visto obligado a mostrar el origen de la naturaleza del problema con el que nos enfrentamos, la monstruosa mutación que dio lugar al abandono de tantos de nuestros amigos, y hoy a nuestra vuelta. Los gestos de inquietud se han transformado en rechazo, asco y repugnancia. La vista de una aberración tal no podía dejar a nadie impasible, y así ha sido. No obstante, he dado órdenes al estrategos para que mantenga una vigilancia reforzada en los centros neurálgicos de la Hegemon.

Año III – Día 3 – Hora 1755 - Capitán Dimitrios

La expectación se ha disparado esta mañana entre todos nosotros, yo mismo me confieso no ajeno a ella. Este sentimiento pronto se ha traducido en nerviosismo y desasosiego. Hemos comenzado a recibir señales que no pueden venir de otro sitio sino del tercer planeta. Son confusas y aún difíciles de interpretar, pero la conclusión es clara: los descendientes de nuestros compañeros han conseguido mantener un nivel tecnológico suficiente para lanzar al espacio profundo su llamada. Lo que causa turbación es que esas señales no se ajustan a los códigos de la flota. En definitiva: no son una llamada. Simplemente parecen parloteos sin ninguna utilidad ni fin. Esto sucedió durante la primera guardia. Hace unos pocos minutos, el tetrarca de comunicaciones, su kerarca, el estrategos y yo mismo hemos estado analizando las señales emitidas por un artefacto detectado en los límites del sistema solar. La tecnología es primitiva, lo cual apunta a una involución de los descendientes, algo que no era descartable. La IA nos ha ofrecido información sobre varios casos de esta índole, aunque por fortuna no ligados a mutaciones del tipo que afectó a nuestros compañeros. Lo que ha motivado este comité ha sido la naturaleza del contenido de las señales. La mala calidad aún no hace concluyentes las primeras intuiciones, pero de ser cierto lo que todos hemos pensado las consecuencias para la misión pueden ser catastróficas.

Año III – Día 4 – Hora 0025 - Capitán Dimitrios

El pasado de nuestra raza es conocido por cada miembro de nuestra civilización aunque tendamos a olvidarnos de él, incluso a rechazarlo. En las academias se enseña a los jóvenes el momento de la Transformación y las razones que llevaron a ella. Desde ese punto nuestra historia ha sido gloriosa. La energía de toda una raza enfocada en el avance, la evolución, la exploración del Universo. Dejamos atrás los conflictos internos, las luchas y rencillas que hasta entonces nos habían atado a un ciclo interminable de guerras y odios. El gran Licurgo determinó la causa que originaba tanta desazón y miseria y la extirpó de nuestra naturaleza, de nuestros genes. Nada de esto es secreto, pero pocos se atreven a atisbar más allá de ese momento de catarsis, ni siquiera revivir en imágenes cómo era nuestro mundo antes de la Transformación. Lo que entonces era la norma, por muy espantoso que hoy nos pueda parecer, se puede consultar con libertad en la biblioteca de la IA. Sin embargo, uno debe disponer de una fortaleza de espíritu rayana en la heroicidad para acometer tal tarea. Un héroe en nuestra raza es el que anhela y lucha por el bien común. Sé que se me acusará de presuntuoso, pero he aceptado descender al pozo del horror que una vez fue nuestro mundo, hace tantos miles de años. Las imágenes son aterradoras, reflejo de la pústula que nos inyectaba un vano orgullo, una falsa jactancia, una pulsión de conquista y posesión tales que estuvo a punto de aniquilarnos. Y siempre, por doquier, la causa última del mal, la que nos impulsaba a la lucha, la que llenaba nuestras mentes de turbación y deseo. Pocos saben ya cuál era su forma, la alteración que conservamos en la nave apenas es una imagen desvaída de su plenitud. En el fondo de la sima estaba la representación del mal, la mutación cegadora. Me he asomado y la he visto. Y ahora la reconozco en las señales que nos llegan desde el satélite que detectamos ayer. Nadie más las conoce aún y ahora toda la responsabilidad recae sobre mí. La conclusión de mis investigaciones es clara: nuestros compañeros exiliados no encontraron la cura, es más, la enfermedad se ha propagado de tal manera que sus descendientes la enarbolan como bandera de nuestra raza.

Año III – Día 5 – Hora 1125 - Capitán Dimitrios

De momento no he informado de la recepción de las nuevas señales. Hemos detectado más artefactos navegando por el sistema solar. Las comunicaciones que nos llegan desde Gamma son cada vez más intensas.

Año III – Día 5 – Hora 2345 - Capitán Dimitrios

La crisis ha estallado esta tarde. Hemos recibido una transmisión directa desde Gamma. Ha sido fácil descifrarla puesto que la han difundido en varias lenguas, todas ellas versiones muy deformadas de la nuestra. El mensaje era pacífico en su contenido, pero el vehículo a través del que nos ha llegado supone tal blasfemia que es incluso difícil hacer mención a ella en esta bitácora. Solo puedo constatar aquí que el tetrarca de comunicaciones está aislado y sedado después de experimentar un ataque de ansiedad extremo. Los rumores comienzan a extenderse entre la tripulación. He ordenado al estrategos que controle con sus hoplitas el acceso a los puntos de neurálgicos de la nave. Soy consciente de que esta medida no hará sino incrementar el malestar y la resonancia de las habladurías, pero todo es preferible a la abominación y sus consecuencias.

Mañana aprovecharemos la masa del gigante gaseoso para trazar el último trayecto de aproximación a Gamma.

Año III – Día 6 – Hora 0845 - Capitán Dimitrios

El análisis de la situación comienza a ofrecer pocas posibilidades. El mensaje del día anterior se repite de manera periódica con ligeras modificaciones. El texto es el mismo en esencia, pero el humano que lo transmite varía de uno a otro. Al parecer son líderes de lo que denominan naciones. Las diferencias genéticas entre ellos son notables y alcanzan incluso a la pigmentación de la piel. El grupo más abundante parece ser precisamente el que carece de ella. La tez blanca de algunos de los mensajeros me resulta inquietante, aunque aceptable puesto que son humanos sin ningún género de dudas. He permitido que estas comunicaciones se distribuyan a la tripulación. Sin embargo, las blasfemas solo las hemos visionado el estrategos, el kerarca médico y yo mismo. Cada uno ha ideado una forma de actuar acorde a sus funciones y formación, me temo. El kerarca médico plantea una medida que él denomina higiénica: abandonamos a su suerte a los descendientes. Si superan la mutación, y nosotros lo hicimos, un día se unirán a la Hélade como hijos que regresan al hogar. Y si no lo consiguen, si persisten en su ceguera, en avanzar en la oscuridad, entonces ellos mismos se condenarán a la aniquilación. El estrategos plantea una solución drástica: el apocalipsis, el exterminio de toda la población del planeta. Según él, no podemos tolerar el mínimo riesgo de que extiendan su anatema por el Universo. He intentado hallar una vía más ecuánime de forma que el sacrificio solo se extendiera a los habitantes afectados por la mutación. El kerarca médico me ha disuadido de esta posibilidad. De acuerdo con nuestra propia historia, ahora mismo es seguro que el cincuenta por ciento de la población estará afectada, y el resto poseería el gen maldito. Así que regresamos a las dos opciones iniciales.

Mañana atravesaremos el cinturón de planetoides y alcanzaremos la órbita del cuarto planeta.

Año III – Día 7 – Hora 0550 - Capitán Dimitrios

Hace dos horas atravesamos la órbita del cuarto planeta y hace unos pocos minutos hemos recibido el último mensaje desde Gamma. El tono ha cambiado y se ha vuelto maligno, de hecho es un ultimátum. O detenemos nuestra nave o nos atacarán. Dado su nivel tecnológico rudimentario es improbable que puedan causarnos daño alguno, así que no es el peligro implícito en el aviso lo que ha determinado mi decisión. Quien ha transmitido la amenaza final era su líder, una blasfemia, algo que aún nos resulta inconcebible, pero las imágenes no dejan lugar a la duda. Su líder es una hembra, es una hembra quien nos coacciona, quien nos intimida con la destrucción de nuestra nave. La violencia, el engaño y la perversión se han adueñado de los descendientes, como estuvo a punto de suceder con nosotros. Las hembras, de nuevo, con sus insidias y corrupciones quiebran el devenir de un mundo. Licurgo, el gran genetista, nos libró de ellas. Ahora es mi turno exterminar esta nueva repugnancia del Universo. Contemplo el feto hembra que nos alertó de la mutación y que condenó a su línea de antecesores al exilio en Gamma. Pudimos proporcionarles la eutanasia, pero todo humano merece una nueva oportunidad. Ellos la tuvieron, y ahora, ya desaprovechada, es mi deber terminar con aquel error.

La tripulación ya ha sido informada. Faltan dos minutos para el apocalipsis.

Roberto Sánchez