Acta enero 2005

OBRA: CRÓNICAS MARCIANAS
AUTOR: Ray Bradbury

PONENTE: Roberto Sánchez García

PRESENTACIÓN

“Ray Douglas Bradbury nació en Illinois en 1920, un 22 de agosto, en medio de un verano durante esos años locos de baile y derroche, que sólo fueron el preludio de la Gran Depresión que le sorprendió cuando era muy joven, lo que en buena medida le impidió asistir a la universidad. Autodidacta de tiempo completo, ávido lector, trabajó en una emisora de radio narrando cuentos a los niños (luego se los escribiría), así como fue vendedor de periódicos, época en la cual era habitual huésped de las bibliotecas públicas, en donde se incrementó su amor por los libros de fantasía, especialmente por Julio Verne. Su familia se había radicado cerca de Los Angeles, ciudad que poseía el don de convertir en imágenes y sonidos las palabras, finalizando la década de los treinta algunas revistas empezaban a publicar historias cortas de su creación. Como por ejemplo, Script, o Imagination!, en donde fue publicado El Dilema de Hollerbochen, (1938). En 1939, Bradbury editó cuatro números de Futuria Fantasia, con relatos de su autoría. La primera publicación paga de Bradbury fue Pendulum en 1941. En 1942 Bradbury escribió The Lake, historia que para algunos entendidos, definió el estilo que le haría famoso posteriormente.

El año de 1943 aparece como la fecha oficial de su carrera profesional como escritor, pues decide terminar su trabajo como vendedor en las esquinas y dedicarse de tiempo completo a escribir, ocupación más placentera pero igualmente riesgosa. En 1945 su breve relato The Big Black and White Game fue seleccionada como la mejor historia corta en Estados Unidos. En 1947 Bradbury se casó con Marguerite "Maggie" McClure, con quien tiene cuatro hijas, ese mismo año publicó Dark Carnival, primera recopilación de historias cortas. En 1950, escribió la obra que le hizo convertirse en autor reconocido internacionalmente, Crónicas Marcianas. Después vinieron otros muchos títulos.*

El libro relata los intentos terrestres por conquistar y colonizar Marte, así como las reacciones de los habitantes del planeta rojo. Estas historias revelan algunos de los temas recurrentes de Bradbury, su posición contra el racismo y la xenofobia, el temor frente a los desarrollos tecnológicos, especialmente los bélicos, la nostalgia por la vida sencilla, y un no escondido terror frente a la muerte”. (1)

“Está formado por “un conjunto de historias cortas que además de ser considerada una de las mejores obras de ciencia ficción, también contiene una profunda crítica social. Muchas de las historias que componen este volumen fueron publicadas en revistas del género a finales de los años cuarenta. Allí se describen los primeros intentos de los habitantes de la tierra para colonizar el planeta Marte y las dificultades con las que tropiezan debido a las especiales facultades de los gentiles marcianos, mientras que atrás, en la tierra, todo se prepara para una terrible y definitiva guerra nuclear.
Jorge Luis Borges, quien en 1955 escribió el prólogo para una edición de las Crónicas Marcianas, nos dice: "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?”
(...) “Es de hacer notar que los trabajos de Bradbury, a diferencia de los de la mayoría de otros escritores de ciencia-ficción, se destacan por su lírica, con más énfasis en el tono y el estilo, que en los detalles técnicos y científicos. Sus cohetes parecen hechos con fuegos artificiales, sus marcianos parecen fantasmas de halloween, y su paisaje extraterrestre es una versión del desierto del medio oeste norteamericano. Fue esa la razón por la que muchas revistas de la época, como la famosa "Historias extraordinarias", que dirigía John W. Campbell, rechazaran continuamente sus escritos”. (2)

En la contraportada del libro Crónicas marcianas (3) podemos leer lo siguiente: “Esta colección de relatos reúne la crónica de la colonización de Marte por parte de una humanidad que abandona la Tierra en sucesivas oleadas de cohetes plateados y sueña con reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero los colonos también traen en su equipaje las enfermedades que diezmarán a los marcianos y mostrarán muy poco respeto por una cultura planetaria, misteriosa y fascinante, que éstos intentarán proteger ante la rapacidad de los terrícolas. Escritas en la década de 1940 y situadas en el lejano futuro que comienza en 1999, estas historias, aparentemente sencillas, sirven de excusa para que Bradbury se sumerja en las hazañas más apasionantes de la humanidad”.

Cada historia compone un capítulo del libro, y todas ellas se ensamblan en una suerte de concierto temático escalonado en un orden cronológico que confiere cohesión y sentido al texto. Esta es la sucesión:

ENERO DE 1999 El verano del cohete
FEBRERO DE 1999 Ylla
AGOSTO DE 1999 Noche de verano
AGOSTO DE 1999 Los hombres de la Tierra
MARZO DE 2000 El contribuyente
ABRIL DE 2000 La tercera expedición
JUNIO DE 2001 Aunque siga brillando la luna
AGOSTO DE 2001 Los colonos
DICIEMBRE DE 2001 La mañana verde
FEBRERO DE 2002 Las langostas
AGOSTO DE 2002 Encuentro nocturno
FEBRERO DE 2003 Intermedio
ABRIL DE 2003 Los músicos
JUNIO DE 2003 Un camino a través del aire
2004-2005 La elección de los nombres
ABRIL DE 2005 Usher II
AGOSTO DE 2005 Los viejos
SETIEMBRE DE 2005 El marciano
NOVIEMBRE DE 2005 La tienda de equipajes
NOVIEMBRE DE 2005 Fuera de temporada
DICIEMBRE DE 2005 Los pueblos silenciosos
ABRIL DE 2026 Los largos años
AGOSTO DE 2026 Vendrán lluvias suaves
OCTUBRE DE 2026 El picnic de un millón de años.

VALORACIÓN

Ray Bradbury pertenece a un reducido grupo de escritores norteamericanos de ciencia ficción, pero ciencia ficción de ideas, entre los que podemos destacar a Clifford D. Simak y a Isaac Asimov. Todos ellos, utilizan los relatos de ciencia ficción para criticar la sociedad capitalista de su tiempo, conservadora, racista, cimentada en una economía ultraliberal e inmersa en la locura de la carrera espacial y nuclear.

En Crónicas marcianas Bradbury nos habla, ciertamente, de la sociedad americana, que es la que él mejor conoce; pero, en realidad, considera los problemas relativos a la sociedad o ámbito vital de los seres humanos en general. Lo que le interesa es analizar, comprender y describir los sentimientos de las personas (las pasiones, los amores, los odios, la amistad, la esperanza, etc...), sus diferentes estados anímicos (soledad, venganza, alegría, tristeza, ilusión, impotencia, etc...) y los distintos modos y circunstancias de las relaciones humanas.

El libro se encuadra dentro del género literario de ciencia ficción. No obstante, resulta obvio que a Bradbury no le preocupan las cuestiones científicas relativas a la composición, mecánica y funcionamiento de las naves espaciales o la resolución de los problemas técnicos derivados de cualquier viaje espacial, ni le importan los fenómenos geográficos, geológicos, geofísicos o metereológicos, más que como decorado para sus historias. Así que puede decirse que esta obra es sobre todo, un conjunto de cuentos fantásticos yuxtapuestos - los cuales pueden leerse de forma independiente sin merma de su significación- que adquiere su auténtica dimensión y verdadero sentido, si se contempla desde una perspectiva global de todos ellos, por cuanto esta visión de conjunto permite entender, cuento a cuento, el proceso de colonización de un planeta.

Sin embargo, de entre todos, cabe destacar los siguientes: “Ylla” y “La tercera expedición”, por la delicadeza y maestría con la que están descritos tanto los marcianos (seres inquietantes al principio, que acaban por despertar un sentimiento de ternura en el lector), como sus hogares y palacios y sus capacidades y costumbres; “Encuentro nocturno”, por la increíble experiencia vivida por un ser humano y un marciano, en un juego macabro de encuentro y desencuentro, de consciencia y virtualidad onírica, de sensaciones reales y sugestiones alucinatorias y de racionalidad y esquizofrenia; “El marciano”, por la indescriptible ternura que transmite la actitud del marciano, que decide, haciendo uso de sus poderes telepáticos, aún a costa de su vida, suplantar al mismo tiempo a distintos seres humanos, todos ellos fallecidos, sólo por el hecho de satisfacer la necesidad que las personas que los perdieron tienen de sentirlos vivos y liberarlas así de la angustia que provocó en ellas su pérdida; “Los pueblos silenciosos”, por la sensación de fatalidad, inefable soledad y náusea que transmiten las escenas que viven los dos últimos habitantes de Marte, tras la partida a la Tierra de los seres humanos marcianos que acuden a auxiliar a los terrícolas, una vez conocida la destrucción del planeta, que es debida a una explosión nuclear; y finalmente “un picnic de un millón de años”, por el mensaje de esperanza y de la posibilidad de un futuro lleno de potencialidades que se entrevé en los sueños de los únicos supervivientes conocidos del holocausto terrestre y nuevos habitantes de Marte.

INTERVENCIONES

Nicolás Zimarro:

Crónicas marcianas es una obra de literatura ficción, concebida como un diario en el que se relatan diversas experiencias protagonizadas por diferentes seres humanos y extraterrestres; aunque no se trata de un libro de ciencia ficción propiamente dicho. Es, más bien, la historia de una ensoñación o, si se quiere, una crónica de sueños perdidos entre el “tic” y el “tac” del reloj del tiempo de la fantasía. Sueños que en sí mismos constituyen, uno a uno, por separado, un flash de cada instante de esa crónica y un hito en la huída de los seres humanos de la tiranía de la fuerza de la gravedad hacia el misterio de la luz de las estrellas. Sueños que representan la liberación del miedo que produce el desconocimiento de la realidad latente en las sombras de la noche, esa misma noche que nos muestra la grandiosidad del espacio en cuya oscuridad titilan las hogueras de otros mundos. Mundos que Bradbury imaginó y soñó, desde su más tierna infancia, en las veladas de lectura de las narraciones de E. A. Poe que celebraba con su tía Neva, y que luego, en su juventud, continuó recreando en la lectura de los relatos fantásticos de Julio Verne.

Amir Hamed (4) lo dice de esta manera:

”...los sueños son invitación de la oscuridad, y la dimensión ínfima que en verdad tenemos en el cosmos apenas nos es dada por la noche. Constelaciones, galaxias, geoides titilando en lo negro, estrellas fugaces, planetas de la guerra o el amor, y cada vez más, nuevo techo del mundo, satélites, que van agrumando los cielos y nos dejan cada vez más centrípetos, menos interesados en el espacio exterior. Lo nocturno da pavor, al mismo tiempo que ensueño.

Por eso el siglo XIX, con sus ciudades que progresivamente iban iluminándose e inmunizándose de ciertos miedos con faroles a gas, deparó los viajes lunares de Verne, y no mucho después, en 1898, -justo antes de que el cometa Halley amenazara destruir la Tierra- H.G. Wells pudo contar cómo los terrícolas se salvaban de una invasión alienígena contagiando su gripe a los invasores.

Este siglo que agoniza estuvo en condiciones de verificar algunas viejas fantasmagorías, y todavía recordamos las huellas de Armstrong en la superficie lunar. Sin embargo, mientras siguen partiendo naves para explorar lo desconocido, lo indudable es que, entre tanta ciencia y maquinaria, y entre ciudades que enceguecen por su alumbrado, casi ha desaparecido la noche, que no sólo era amiga del criminal, como pretendía Baudelaire, sino que siempre fue guía de viajeros y navegantes.

Como género literario, la ciencia ficción aturde con sus tecnicismos didácticos, y suele crear tramas muy sofisticadas pero que, desprolija e insensiblemente narradas, opacan los mundos casi matemáticamente imaginados. Una excepción queda hecha, de un libro que no se puede leer, todavía, sin fascinación ni melancolía. Son las Crónicas marcianas de Ray Bradbury, quien apuntó hacia el firmamento con un dedo viejo como el de los primeros astrólogos, o el de los primeros niños, y sin preocuparse de cómo podría hacerse eso, vio, sencillamente, la necesidad de ir poblando Marte y repetir, entre gozosa y fatalmente, la peripecia de develar una Nueva América (como aquella con la que tropezara Colón) exactamente en estos días.

Las crónicas son una paulatina, sosegada y magistral aventura. Comienzan fechadas en 1999, y van de a poco acercando Marte a nosotros. A colonizarlo y destruirlo con sus virus parten los terrícolas y es entonces que "el entero planeta se convirtió en una barrosa pelota de béisbol descartada. Entonces, cuando estabas solo, vagando por los prados del espacio en mitad de tu camino hacia un lugar que no podías imaginar. Así que no fue inusual que los primeros hombres fueran pocos. El número fue creciendo de forma pareja en proporción al censo de los terrícolas que ya estaban en Marte. Había cierto consuelo en los números. Pero los primeros solitarios tuvieron que saber soportar el estar solos...".

Y es así que, repasando las páginas de Bradbury, recordamos ese añejo mandato, casi primordial, de traspasar de alguna forma la membrana de la noche y domesticar las estrellas, a pura ensoñación, a puro deseo, a puro temor y soledad, con la mejor de nuestras impotencias, ésa de sabernos bien mínimos en medio de tan poblada nada”.

 

Miguel San José:

Un análisis exhaustivo de este libro nos conduce a considerar dos cuestiones centrales referidas, una, a su estructura formal y, otra, al contenido temático.

La primera cuestión está relacionada con la generación de la propia obra. Al respecto, es conveniente recordar que casi todos los relatos que la componen originariamente fueron publicados por separado en distintos números de una revista. De esta forma, Crónicas Marcianas no es más que una recopilación de estos relatos, cuyo único punto de cohesión se limita a la localización de la mayor parte de los hechos en un escenario común: Marte. Quizá por esta razón, presente una estructura formal heterogénea, sustanciada en la unión discrecional de muchos y variados relatos, que se explicita en un número determinado de cuentos de índole y género literario diferentes que, en ningún caso, pueden llegar a conformar lo que se sobrentiende por novela de ciencia ficción. Así, entre los relatos de mayor extensión, se pueden distinguir tres de ciencia ficción, p.e. “Ylla”; cuatro de terror, p.e. “La tercera Expedición”;cuatro sobre la guerra fría, un tema recurrente en los años 50, p.e. “Los pueblos silenciosos”; dos sobre el Oeste, p.e. “Aunque siga brillando la luna”; y uno de temática social, “Un camino a través del aire”.

La segunda cuestión tiene que ver con el problema de la generación del argumento de la obra. Éste es un problema que afecta a todos los literatos, en mayor o menor medida; pero que en esta ocasión Bradbury no resuelve satisfactoriamente, eso sí, siempre y cuando concibamos este texto como una novela de ciencia ficción. Los primeros relatos, hasta el titulado “Los hombres de la tierra”, sí se ajustan, más o menos, a los cánones de este género literario. Y, en este sentido, parece que Bradbury pretendía en un principio tratar los temas que desarrolla en la novela utilizando el formato y cumpliendo las exigencias de la narrativa de ciencia ficción, pero acaba escribiendo unos textos o crónicas de carácter ideológico-existencial y sociopolítico. Probablemente esta deriva argumental se explica por el desconocimiento que el autor tiene de la Astronomía y de la Astronáutica.

 

Carlos Fernández:

A pesar de que cuando Bradbury escribió este volumen el ser humano aún no había viajado a la luna, el conocimiento del universo era suficiente para saber que la descripción que el autor hace de los paseos marcianos es completamente inverosímil. A veces recuerda la sensación que debieron sentir los primeros conquistadores de América. El autor no tiene interés alguno en dotar de credibilidad científica estos relatos. En realidad Marte no es más que una excusa, un contexto en que poder desplegar su imaginación para relatar lo que realmente le interesa.

Como asegura Borges en el prólogo (5), “...el autor ha escrito de “sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad”. No hay ningún hilo argumental coherente en todo este volumen de relatos, pero casi todos ellos están teñidos por el mismo ambiente, el de la soledad en que se encuentra el hombre frente al mundo”.

Empieza con “Ylla”, donde la Sr. K sueña con salir de su tediosa vida conyugal en el desierto mediante una percepción extrasensorial, y termina con la confesión de los padres de Timothy, explicando a sus hijos que lo que parecía una excursión para pescar en realidad ha sido una huida de un mundo que ya no existe a otro que está sin habitar, en “El picnic de un millón de años”. En medio hay numerosos ejemplos de lo mismo: “La tercera expedición” en que los tripulantes abandonan cualquier atisbo de prudencia para refugiarse en la nostalgia de los seres queridos, la rebelión solitaria de Spender en “Aunque siga brillando la luna” y de Stendhal en “Usher II” en defensa de formas de vida que están en peligro, la desesperada disputa por ver en quien se encarna el extraterrestre en “El marciano”, la alocada búsqueda de compañía en “Los pueblos silenciosos”, el empeño en volver a “fabricar” a su familia fallecida y el abandono en que ésta queda tras la muerte de Hathaway en “Los largos años” o el desamparo en que quedado los artilugios mecánicos casi humanos en “Vendrán lluvias suaves”.

 

Joseba Molinero:

Crónicas marcianas presenta una reflexión sobre la naturaleza del ser humano y su entorno, en clave de fantasía. En esta obra, Bradbury quiere construir el universo de sensaciones, sentimientos, ideas y pasiones propias de esta naturaleza y, al mismo tiempo, trazar un camino nuevo que conduzca a los seres humanos a un horizonte ignoto, en el que sea posible la formación de una sociedad ideal.

A partir de este presupuesto, desarrolla una exposición de su ideología, que se concreta en la crítica de algunos aspectos de la sociedad americana de su época, por una parte, y en el elogio de la inquietud de superación de la que hacen gala los seres humanos, la cual se refleja en un espíritu de conquista irrefrenable, por otra.

De este modo, las sucesivas expediciones a Marte son la consecuencia inevitable de ese anhelo de mejora en las relaciones humanas y en la justicia social. Se trata de viajar a nuevos e inexplorados planetas, para conquistarlos e instaurar en ellos una insólita y definitiva Arcadia planetaria.

La conquista de marte se desarrolla en dos fases bien diferenciadas. En un primer momento, los conquistadores se presentan como seres bondadosos e inofensivos que, de una forma u otra, por una razón u otra, son aniquilados por los marcianos. Éstos, no obstante, aparecen descritos como unos seres quasihumanos, que sienten, sueñan, viven y se comportan como ellos. Pero, todo cambia desde que tiene lugar el amartizaje de la cuarta expedición: los seres humanos muestran, además de sus innegables virtudes, su peor talante, y esgrimen impúdicamente las armas de la miseria, la codicia y la mezquindaz, o sea, lo más ruin de su esencia, y la conquista deviene en una burda y dramática colonización; los marcianos, por su parte, se convierten en una especie de hadas vivientes, en fantasmas etéreos sin forma delimitada, que terminan siendo esquilmados. Éste es el clímax de la fantasía, el culmen del lirismo que impregna toda la obra. Lirismo que se explaya no en pocos recursos estilísticos propios de la narrativa poética, a saber: la utilización continua de metáforas descriptivas, el uso de la policromía para la concreción de ambientes, el tratamiento de las formas de los objetos y de los seres naturales, el manejo del tiempo atmosférico (frío, calor, viento, lluvia) como elemento de expresión de estados anímicos, la adjetivación y la repetición de determinadas estructuras sintácticas.

Por lo tanto, es evidente que el propósito de Bradbury no es escribir una novela de ciencia ficción. Y, por ello, se permite estas licencias poéticas y no siente ninguna necesidad de explicar ciertas circunstancias curiosas y algunos fenómenos sorprendentes de la naturaleza marciana a los que hace referencia. No explica, por ejemplo, por qué en Marte hay dos lunas mellizas, ni por qué el ambiente está impregnado de un intenso color azul, ni por qué el viento sopla siempre con desmesurada fuerza, ni por qué son habituales las bruscas oscilaciones térmicas en el transcurso del día, ni tampoco por qué están secos los mares, etc... ¡Ni falta que le hace!

 

Jon Rosáenz:

Este libro es una manifestación poética de una utopía, que alcanza su máxima expresión en el alegato que un personaje, Spender, en el relato “Aunque siga brillando la luna”, hace en defensa del respeto que todo ser humano se debe a sí mismo, a los demás, a las civilizaciones y a la naturaleza. Es una clara propuesta de sentido existencial que propugna la necesidad de vivir la vida viviéndola y no, como es la tendencia general, pensándola. Para que esto sea factible, es imprescindible que la conformación de nuestra identidad personal se sustente en una armonización de nuestra realidad individual con la realidad de la entidad social de los demás individuos y la realidad objetiva de la naturaleza. Spender proclama un nuevo adviento, una nueva dimensión de la vida, basada en la conjunción de ciencia, arte y religión. Y todo esto ocurre después de haber comprendido que los marcianos, una especie alienígena, había descifrado el sentido de la vida.

Emilio Hidalgo:

El hecho de que Bradbury sitúe el transcurso de la acción en un escenario interplanetario representa, en sí mismo, una necesidad de reproducir alegóricamente el estado de la realidad social del momento, así como la cruda realidad de las bajas pasiones que determinan el sentido de los actos de los seres humanos, en un escenario insólito y virtual que posibilite cuando menos la redención de tales males y, en el mejor de los casos, la salvación de los individuos y de la sociedad.

El libro refleja una inquietud que el autor siente con honda preocupación. Es una voz de alarma que pone el toque de atención en las fatales consecuencias que se derivan de la miseria de los seres humanos, cuando éstos confunden, en un intolerable ejercicio de estúpida presunción, la ambición y la codicia con el progreso y la prosperidad. Esta actitud compulsiva de anhelar más y más, siempre más, sólo conduce a un consumismo materialista exacerbado que declina en una insatisfacción continua y, finalmente, en el fracaso de la humanidad y su autodestrucción, como le ocurre al protagonista del relato “Fuera de temporada”.

Quizá es por ello que los avances tecnológicos de la ciencia y los inventos sean claramente insuficientes para paliar la canina de prosperidad y bienestar que sufrimos ancestralmente los seres humanos. Y, por ende, resulta que toda esa cacharrería de última generación y esos productos de química sintética generados en los centros de alta tecnología y en los laboratorios, todos ellos engendros de algún programa I+D, no sirvan más que para inflar nuestra soberbia, el orgullo de especie inteligente, pero nunca para culminar en plenitud nuestra potencialidad como seres humanos en una humanidad feliz, como queda de manifiesto en el relato “Vendrán lluvias suaves”.

Quizá, sí, esto explique la obsesión que mostramos por aferrarnos a las apariencias de los sueños o de una realidad enmascarada, a esos fantasmas nacidos de nuestros traumas y frustraciones, porque intuimos que ésta es la respuesta más factible a nuestra angustia existencial. Los relatos “La tercera expedición”, “Encuentro nocturno” y “El marciano” son una magnífica muestra de esta esquizofrenia que asola la humanidad.

 

(1) Dixon Moya. Ciencia Ficción: Vida y obra de Ray Bradbury. Bogotá 2003 http://www.QuintaDimension.com.

*BIBLIOGRAFÍA DE RAY BRADBURY
Dark Carnival (1947) -- Cuentos .
The Martian Chronicles (1950) – Novela.
the Illustrated Man (1951) – Cuentos.
No Man is an Island (1952).
Fahrenheit 451 (1953) – Novela.
The Golden Apples of the Sun (1953) – Cuentos.
The October Country (1955) – Cuentos.
Switch On the Night (1955) -- Libro para niños.
Dandelion Wine (1957) – Novela.
Sun and Shadow (1957) – Novela.
A Medicine For Melancholy (1960) – Cuentos.
Something Wicked This Way Comes (1962) – Novela.
The Essence of Creative Writing: Letters to a
Young Aspiring Author (1962). Cartas.
R Is For Rocket (1962) – Cuentos.
The Anthem Sprinters And Other Antics (1963) –
Obras de teatro.
The Machineries of Joy (1964) – Cuentos.
The Pedestrian (1964) -- Historias cortas.
A Device Out of Time (1965) – Obra de teatro.
The Vintage Bradbury (1965) – Cuentos.
The Day It Rained Forever: A Comedy in One Act
(1966) – Obra de teatro.
The Pedestrian: A Fantasy in One Act (1966) – Obra
de teatro.
S Is For Space (1966) – Cuentos.
Twice 22 (1966) -- Cuentos.
Creative Man Among His Servant Machines (1967) --
Ensayo.
I Sing the Body Electric (1969) – Cuentos.
Old Ahab's Friend, and Friend to Noah, Speaks His
Piece (1971) – Poesía.
The Halloween Tree (1972) – Novela.
Pillar Of Fire: A Drama (1972) – Obra de teatro.
The Wonderful Ice Cream Suit and Other Plays
(1972) – Obra de teatro.
When Elephants Last In The Dooryard Bloomed (1973)
– Poesía.
Zen in the Art of Writing and The Joy of Writing:
Two Essays (1973) -- Ensayo.
Pillar of Fire and Other Plays (1975) --Obra de
teatro.
Long After Midnight (1976) – Cuentos.
That Ghost, that Bride of Time: Excerpts from a
Play-in-Progress (1976) –Obra de teatro, basada en
"Moby Dick" de Herman Melville.
Where Robot Mice and Robot Men Run 'Round in Robot
Towns (1977) -Poesía.
The God in Science Fiction (1978). Ensayo.
The Mummies of Guanajuato (1978) -- Cuento.
Twin Hieroglyphs that Swim the River Dust (1978)
-- Poesía.
Beyond 1984: Remembrance of Things Future (1979).
This Attic Where the Meadow Greens (1979) .
The Ghosts of Forever (1980)
The Last Circus and the Electrocution (1980) --
Cuentos.
Stories of Ray Bradbury (1980) -- Cuentos.
The Complete Poems of Ray Bradbury (1981) --
Poesía.
The Haunted Computer and the Android Pope (1981)
--Poesía.
Then Is All Love? It Is, It Is! (1981) -- Poema.
There Is Life On Mars (1981) -- Publicado por
Reader's Digest Press.
The Love Affair (1982) -- Cuentos y Poemas.
The Other Foot (1982) -- Cuento.
The Veldt (1982) -- Cuento.
Dinosaur Tales (1983) -- Cuentos.
The Last Good Kiss (1984)
A Memory of Murder (1984) – Cuento.
Death Is a Lonely Business (1985) -- Novela.
The April Witch: A Creative Classic (1987)
--Cuento.
Death Has Lost Its Charm For Me (1987) -- Poesía.
Fever Dream (1987) -- Cuento.
The Fog Horn: A Creative Classic (1987) -- Cuento.

The Other Foot: A Creative Classic (1987) --
Cuento.
The Veldt: A Creative Classic (1987) -- Cuento.
The Dragon (1988) -- Cuento
Falling Upward (1988) – Obra de teatro.
The Toynbee Convector (1988) – Cuentos.
The Day It Rained Forever (1990) – Musical.
A Graveyard For Lunatics (1990) -- Novela
Zen in the Art of Writing (1990) -- Ensayos sobre
el arte de la escritura.
Yestermorrow: Obvious Answers to Impossible
Futures (1991) -- Ensayos.
Green Shadows, White Whale (1992) – Novela.
The Stars (1993) -- Poema.
Quicker Than The Eye (1996) -- Cuentos.
Driving Blind (1997) – Cuentos.
Dogs Think That Every Day Is Christmas (1997) –
Poema.
With Cat for Comforter (1997) -- Poema.
Ahmed and the oblivion machines (1998). -- Ficción
juvenil.
Christus Apollo (1998).
A Chapbook for burnt-out priests, rabbis, and
ministers (2001)
From the dust returned: A family remembrance
(2001) – Novela.
One more for the road: A new short story
collection (2002).

 

(2) Rigoberto Rodríguez. Nota para un guión radiofónico. Biografías Ray Bradbury http://www.textosentido.org.

(3) Ray Bradbury. Crónicas marcianas. Ediciones Minotauro. Edición en bolsillo, primera edición, tercera reimpresión 2003.

(4) Amir Hamed http://www.lamembranadelanochelaobligaciondelanada.htm. Publicado originalmente en Insomnia, nº11.

(5) Ver (3).