Un bar es un lugar como otro cualquiera

Un bar es un lugar como otro cualquiera para hallar compañía.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para olvidar.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para prender las saetas de estruendo y fuego y las luminarias de color y artificio que atesoro en el corazón, cuando por las noches dejo de ser yo cárcel y me evado a un yo poema escrito con tinta de güisqui.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para bailar la danza de los buitres hambrientos y anónimos al abrigo de un oportuno disfraz.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para gastar las monedas que compran el amor.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para deshojar la margarita mustia de los besos a ganga, cuando el tiempo del cariño se ha agotado en el fulgor delirante de la bebida.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para liberar la febril esperanza de las pasiones fugitivas, hacer un guiño a la locura y desafiar al mundo sin recato, saldando las deudas de la desdicha en la reserva de un váter.

Un bar es un lugar como otro cualquiera para morir madrugada a madrugada.

 

Nicolás Zimarro