Ciento cuarenta centímetros

No está mal la tienda. Es luminosa y amplia a pesar de este túnel que tiene en la entrada. Espero que no espante a los clientes. Y vaya coche que se ha echado. Yo nunca tuve uno igual, pero se lo merece, qué coño. Javi está contento… además es un buen vendedor, listo, rápido, hablador…Conchi no hace sino mirar todo, parece que lo aprueba aunque al principio no le hizo mucha gracia eso de los periódicos. Creo que se acordaba de Luis el quiosquero de la plaza, siempre le pareció algo sucio y desastrado. Pero es lo que yo le dije, mujer que vender periódicos ahora no es como antes, que te los dejaban debajo del felpudo como un portero de finca, ahora tiene que ser empresarios y calcular costes y beneficios y diversificar el negocio y hacerse con clientela fija. No, Conchi, no, gracias a Dios ya han desaparecido los quiosqueros de la gorrita. No ha venido Amparo, no me extraña, ese marido que tiene es un perfecto gilipollas y seguro que ha puesto pegas, el muy…Tampoco está Alberto, es raro porque es muy familiar…, alguna novia repentina. Esther está muy guapa e hinchada como un pavo,…parece la anfitriona,…la reina consorte. Siempre ha sido muy ambiciosa y su marido es un buen hombre. ¿Cómo se la habrá apañado para convencerle de que pusiera pasta en la tienda? Para eso se las pinta sola. No, no está nada mal la tienda, que va…, nada mal.

―Pero papá ¿qué haces ahí solo, apoyado en la pared como un pasmarote? Ven y toma una copita con nosotros, hombre…

―Sssííí, ahora voy Javi,…oye, estaba pensando que quizá convendría quitar este túnel de la entrada, no sé yo si no espantará a los clientes, ¿no crees?

―Jodé, papa que pesadito te pones con lo del túnel. Ya me lo dijiste cuando te enseñé el local. Entérate que esto es una tienda de chuches y periódicos, no una boutique. Olvídate del túnel y toma, bebe, que es brut.

―Discúlpame pero es que me hace ilus…

―¿Qué tal Eugenio, te gusta el establecimiento?

―Oh, hola Raúl no te había sentido…Si me gusta mucho… ahora mismo se lo estaba diciendo a tu socio.

―Socio, socio, socio ¡qué mal suena esa palabra! Huele a chanchullos. Javi y Raúl, chuches, periódicos, revistas y apaños… ¿A qué tiene gracia?

Un día de sol oscuro, de una primavera no deseada. “Acabo de venir del hospital y me han confirmado el diagnóstico. Dicen que no hay nada que hacer”. “Conchi, no me jodas, siempre hay algo que hacer. Iremos a la clínica esa de Pamplona a ver qué nos dicen. Me dijo Esteban que tienen tratamientos nuevos”. “Y, ¡qué sabe ese zopenco de Esteban, todo el día metido en el bar!”. “El no, su vecino que es enfermero en el Ambulatorio”. Un edificio grande, extraño. Batas almidonadas, mucho silencio, estampas. “Déjeme que le sea sincero, no es un tratamiento barato y no se garantiza el éxito…Hay informes positivos de su aplicación en instituciones europeas de gran solvencia”. “Sí”. “¿Perdón?”. “Que sí, que adelante”. “Debe saber que requiere periodos largos de hospitalización rigurosa, que es doloroso. Acaso sea mejor que lo piensen bien y valoren los pros y los contras. Gracias a Dios aun tenemos algo de tiempo”. “No, no hace falta. Dígame cuando tenemos que venir y cómo y cuándo se paga”. El ruido del motor no era monótono, se escuchaba cada válvula, cada muelle. “¿Cómo lo vamos a pagar, Eugenio?”. “Pediremos un crédito, una hipoteca, lo que sea…”. “¿Y quién estará con el chico?”. “Nos turnaremos”. “Pero ¿y tu trabajo?”. “Me arreglaré”. “Tenemos más hijos y…”. “Qué espabilen”.

―…hemos decidido dejarle el nombre de los dueños anteriores. En los negocios como este el nombre no es importante, ¿no te parece? (…) Eugenio, ¿me escuchas?

―Sííí, sí perdona Raúl, estaba pensando en mis cosas, disculpa. Me parece bien que dejéis el nombre si así lo consideráis. Lo importante es que os dediquéis en cuerpo y alma a ello.

―Claro, Eugenio, claro. Mira aquí está Conchi. Le decía a tu marido que no vamos a cambiar el nombre de la tienda, ¿Qué te parece? El punto de vista femenino es importante, los nombres son asunto más de mujeres que…

―Pues no sé qué decirte, hijo, si a vosotros os parece bien…Lo importante es que estéis siempre ahí, al pie del cañón, en invierno y en verano…

―Cómo se nota que sois matrimonio de larga duración, decís las mismas cosas, los mismos valores…

―Es que no hay otros, Raúl, no hay más que la dedicación, el sacrificio…

Dolor, dolor azul; gritos, gritos amarillos. Una cadena, casi un rosario, colgaba, como una salida de socorro con una luz roja al final. “¡No papá no le des otra vuelta, duele mucho!”. “Tengo que hacerlo, Javi… Agárrate a la barra, ya verás como así es mejor”. “No, por favor, no más. Quiero irme de aquí, por fav….”(…) “Ves, ya está, no ha sido para tanto, hijo”. La corriente de aire se abrió paso.

―Cierra la puerta Javi, que se vuelan lo periódicos… Esther saca el champán ese de pega, que tenemos que inaugurar la tienda.

―Jode, Javi, pareces el dueño….Ah, que resulta que lo eres, mira tú…

―Así es hermanita mía, somos los dueños y se hace lo que ordenamos. Ja, ja, ja…Así que rompe esa botella de champán contra la estantería de las revistas y demos por inaugurado el local.

―¿¡Romper!? Pero se va a poner perdido…

―No, que es una de esas botellas de pega, de plástico y llena de confeti… Es por darme el gustazo.

―Eres como un niño, Javi, como un niño… ¿verdad papá?

Un bolígrafo de cuatro colores, un bolígrafo de cuatro colores de Bic. Allí sobre la mesa, junto a una foto y a un cartón azul. “Su hijo ha perdido muchas clases y así es muy difícil que pase curso. ¿Lo comprende, no?”. “Pero comprenda usted su situación tan… especial, además hemos tratado de que siguiera las lecciones con los libros y las indicaciones de sus compañeros. Su madre y yo hemos tratado de explicarle las cosas lo mejor que hemos sabido allí en el,…, bueno allí”. “Pero entiéndame Eugenio, eso no es suficiente y me voy a ver obligada a suspenderle el curso. Lo siento…”. “Bueno haga usted lo que crea conveniente. No soy quién para decirle como actuar. Yo por mi parte haré lo propio. Gracias por recibirme, señora Paredes.”

―Brindemos pues por la tienda, las chuches, los periódicos y la madre que los matriculó.

―Javi, no hables mal, que no cuesta nada.

―Pero mamá, si es solo una broma. Brindemos en serio. Chin, chin.

―Y ¿cuándo abrís?

―Mañana mismo. No podemos perder ni un día que las deudas acucian…

Un ficus polvoriento y a su lado la foto a tamaño natural de Antonio Banderas. La puerta se cerraba sola con un chirrido absurdo. “Eugenio, no puedo concederte otro crédito. Ya te hemos concedido dos. No puedes volver a hipotecar la casa. No da más de sí”. “Antonio llevo siendo cliente tuyo desde ni me acuerdo. No me puedes dejar tirado ahora. Ahora no”. “Ya sabes que no es cosa mía. Este tipo de…casos los deciden desde la central y yo no tengo poder de maniobra…”. “No me jodas, Antonio, que yo sé que tú decides estas cosas, que lo he visto”. “Ya no, Eugenio, ya no puedo volver a hacerlo, se me cae el pelo…”. “Bien, tú sabrás lo que puedes o no puedes hacer. Adiós, Antonio”

No está mal la tienda, no. Tiene muchos estantes para que luzcan las revistas y apetezca comprarlas… Y las neveras para las bebidas, qué luminosas y grandes. Está bien que no tengan los caramelos a mano, que los chavales tengan que pedirlos…da seriedad al negocio. Y ese mostrador tan grande y de cristal. Y lo mejor de todo, la pequeña tarima de detrás, sólo diez centímetros y con esa poca ayuda Javi llega a todo y controla todo. Sólo diez centímetros. Diez centímetros nada más…Qué bueno.

 

Joseba Molinero